5
El sumo sacerdote y todo el consejo de ancianos pueden dar fe de que esto es cierto. Pues recibí cartas de ellos, dirigidas a nuestros hermanos judíos en Damasco, las cuales me autorizaban a encadenar a los cristianos de esa ciudad y traerlos a Jerusalén para que fueran castigados.
6
»Cuando iba de camino, ya cerca de Damasco, como al mediodía, de repente una intensa luz del cielo brilló alrededor de mí.
7
Caí al suelo y oí una voz que me decía:
8
»“¿Quién eres, señor?”, pregunté.
»Y la voz contestó:
9
La gente que iba conmigo vio la luz pero no entendió la voz que me hablaba.