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Mateo 26:14-75

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14 Judas acuerda traicionar a JesĂşs
Entonces Judas Iscariote, uno de los doce discĂ­pulos, fue a ver a los principales sacerdotes
15 y preguntó: «¿Cuánto me pagarán por traicionar a Jesús?». Y ellos le dieron treinta piezas de plata.
16 A partir de ese momento, Judas comenzĂł a buscar una oportunidad para traicionar a JesĂşs.
17 La Ăşltima cena
El primer dĂ­a del Festival de los Panes sin Levadura, los discĂ­pulos se acercaron a JesĂşs y le preguntaron:
—¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
18 —les dijo—,
19 Entonces los discĂ­pulos hicieron como JesĂşs les dijo y prepararon la cena de Pascua allĂ­.
20 Al anochecer, JesĂşs se sentĂł a la mesa
con los doce discĂ­pulos.
21 Mientras comĂ­an, les dijo:
22 Ellos, muy afligidos, le preguntaron uno por uno:
—¿Seré yo, Señor?
23 JesĂşs contestĂł:
24 Pues el Hijo del Hombre tiene que morir, tal como lo declararon las Escrituras hace mucho tiempo. ¡Pero qué terrible será para el que lo traiciona! ¡Para ese hombre sería mucho mejor no haber nacido!
25 Judas, el que lo iba a traicionar, también preguntó:
—¿Seré yo, Rabí?
Y JesĂşs le dijo:
26 Mientras comĂ­an, JesĂşs tomĂł un poco de pan y lo bendijo. Luego lo partiĂł en trozos, lo dio a sus discĂ­pulos y dijo:
27 Y tomĂł en sus manos una copa de vino y dio gracias a Dios por ella. Se la dio a ellos y dijo:
28 porque esto es mi sangre, la cual confirma el pacto
entre Dios y su pueblo. Es derramada como sacrificio para perdonar los pecados de muchos.
29 Acuérdense de lo que les digo: no volveré a beber vino hasta el día en que lo beba nuevo con ustedes en el reino de mi Padre».
30 Luego cantaron un himno y salieron al monte de los Olivos.
31 JesĂşs predice la negaciĂłn de Pedro
En el camino, JesĂşs les dijo:
32 »Sin embargo, después de ser levantado de los muertos, iré delante de ustedes a Galilea y allí los veré».
33 Pedro declarĂł:
—Aunque todos te abandonen, yo jamás te abandonaré.
34 JesĂşs respondiĂł:
35 —¡No! —insistió Pedro—. Aunque tenga que morir contigo, ¡jamás te negaré!
Y los demás discípulos juraron lo mismo.
36 JesĂşs ora en GetsemanĂ­
Entonces JesĂşs fue con ellos al huerto de olivos llamado GetsemanĂ­ y dijo:
37 Se llevĂł a Pedro y a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y comenzĂł a afligirse y angustiarse.
38 Les dijo:
39 Él se adelantó un poco más y se inclinó rostro en tierra mientras oraba:
40 Luego volviĂł a los discĂ­pulos y los encontrĂł dormidos. Le dijo a Pedro:
41 Velen y oren para que no cedan ante la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil».
42 Entonces JesĂşs los dejĂł por segunda vez y orĂł:
43 Cuando regresĂł de nuevo adonde estaban ellos, los encontrĂł dormidos porque no podĂ­an mantener los ojos abiertos.
44 AsĂ­ que se fue a orar por tercera vez y repitiĂł lo mismo.
45 Luego se acercĂł a sus discĂ­pulos y les dijo:
46 Levántense, vamos. ¡Miren, el que me traiciona ya está aquí!».
47 Traicionan y arrestan a JesĂşs
Mientras JesĂşs hablaba, llegĂł Judas, uno de los doce discĂ­pulos, junto con una multitud de hombres armados con espadas y palos. Los habĂ­an enviado los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo.
48 El traidor, Judas, había acordado con ellos una señal: «Sabrán a cuál arrestar cuando lo salude con un beso».
49 Entonces Judas fue directamente a JesĂşs.
—¡Saludos, Rabí! —exclamó y le dio el beso.
50 JesĂşs dijo:
Entonces los otros agarraron a JesĂşs y lo arrestaron;
51 pero uno de los hombres que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al esclavo del sumo sacerdote cortándole una oreja.
52 —le dijo Jesús—.
53 ÂżNo te das cuenta de que yo podrĂ­a pedirle a mi Padre que enviara miles
de ángeles para que nos protejan, y él los enviaría de inmediato?
54 Pero si lo hiciera, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, que describen lo que tiene que suceder ahora?».
55 Luego JesĂşs le dijo a la multitud:
56 En ese momento, todos los discĂ­pulos lo abandonaron y huyeron.
57 JesĂşs ante el Concilio
Luego la gente que había arrestado a Jesús lo llevó a la casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los maestros de la ley religiosa y los ancianos.
58 Mientras tanto, Pedro lo siguiĂł de lejos y llegĂł al patio del sumo sacerdote. EntrĂł, se sentĂł con los guardias y esperĂł para ver cĂłmo acabarĂ­a todo.
59 Adentro, los principales sacerdotes y todo el Concilio Supremo
intentaban encontrar testigos que mintieran acerca de JesĂşs para poder ejecutarlo.
60 Sin embargo, aunque encontraron a muchos que accedieron a dar un falso testimonio, no pudieron usar el testimonio de ninguno. Finalmente, se presentaron dos hombres
61 y declararon: «Este hombre dijo: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».
62 Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y le dijo a Jesús: «Bien, ¿no vas a responder a estos cargos? ¿Qué tienes que decir a tu favor?».
63 Pero JesĂşs guardĂł silencio. Entonces el sumo sacerdote le dijo:
—Te exijo, en el nombre del Dios viviente, que nos digas si eres el Mesías, el Hijo de Dios.
64 JesĂşs respondiĂł:
65 Entonces el sumo sacerdote se rasgó las vestiduras en señal de horror y dijo: «¡Blasfemia! ¿Para qué necesitamos más testigos? Todos han oído la blasfemia que dijo.
66 ¿Cuál es el veredicto?».
«¡Culpable! —gritaron—. ¡Merece morir!».
67 Entonces comenzaron a escupirle en la cara a Jesús y a darle puñetazos. Algunos le daban bofetadas
68 y se burlaban: «¡Profetízanos, Mesías! ¿Quién te golpeó esta vez?».
69 Pedro niega a JesĂşs
Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera en el patio. Una sirvienta se acercĂł y le dijo:
—Tú eras uno de los que estaban con Jesús, el galileo.
70 Pero Pedro lo negĂł frente a todos.
—No sé de qué hablas —le dijo.
71 Más tarde, cerca de la puerta, lo vio otra sirvienta, quien les dijo a los que estaban por ahí: «Este hombre estaba con Jesús de Nazaret
».
72 Nuevamente, Pedro lo negó, esta vez con un juramento. «Ni siquiera conozco al hombre», dijo.
73 Un poco más tarde, algunos de los otros que estaban allí se acercaron a Pedro y dijeron:
—Seguro que tú eres uno de ellos; nos damos cuenta por el acento galileo que tienes.
74 Pedro jurĂł:
—¡Que me caiga una maldición si les miento! ¡No conozco al hombre!
Inmediatamente, el gallo cantĂł.
75 De repente, las palabras de Jesús pasaron rápidamente por la mente de Pedro:
Y Pedro saliĂł llorando amargamente.

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