6
Cuando oà sus quejas me enojé muchÃsimo.
7
Después de pensarlo bien, denuncié a esos nobles y a los funcionarios y les dije: «¡Ustedes perjudican a sus propios parientes al cobrar intereses cuando les piden dinero prestado!». Entonces convoqué a una reunión pública para tratar el problema.
8
En la reunión les dije:
—Estamos haciendo todo lo posible para rescatar a nuestros parientes judÃos que han tenido que venderse a extranjeros paganos, pero ahora son ustedes los que los someten a esclavitud. ¿Cuántas veces tendremos que redimirlos?
Ellos no tenÃan nada que argumentar en su defensa.
9
Entonces insistÃ:
—¡No está bien lo que ustedes hacen! ¿Acaso no deberÃan andar en el temor de nuestro Dios para evitar que nos pongan en ridÃculo las naciones enemigas?
10
Yo mismo, al igual que mis hermanos y mis trabajadores, he estado prestando dinero y grano al pueblo, pero ahora dejemos de cobrarles intereses.
11
Devuélvanles hoy mismo sus campos y viñedos, sus olivares y sus casas. Además devuelvan los intereses que cobraron cuando prestaron dinero, grano, vino nuevo y aceite de oliva.
12
Entonces ellos respondieron:
—Devolveremos todo y no le exigiremos nada al pueblo; haremos como tú dices.
Luego llamé a los sacerdotes e hice que los nobles y los funcionarios juraran que cumplirÃan su promesa.
13
Sacudà los dobleces de mi manto y les dije:
—¡Si no cumplen su promesa, que asà los sacuda Dios de sus casas y de sus propiedades!
Entonces toda la asamblea respondió:
—¡Amén!
Todos alabaron al Señor
y cumplieron con lo prometido.