6
Entonces el rey DarÃo envió el siguiente mensaje:
«Por consiguiente, Tatnai, gobernador de la provincia situada al occidente del rÃo Éufrates,
y Setar-boznai junto con sus colegas y otros funcionarios del occidente del rÃo Éufrates, ¡manténganse bien lejos de allÃ!
7
No estorben la construcción del templo de Dios. Dejen que se reconstruya en su sitio original y no le pongan trabas al trabajo del gobernador de Judá ni al de los ancianos de los judÃos.
8
»Además, por la presente, decreto que ustedes tendrán que ayudar a esos ancianos de los judÃos mientras reconstruyan el templo de Dios. Ustedes tienen que pagar el costo total de la obra, sin demora, con los impuestos que se recaudan en la provincia situada al occidente del rÃo Éufrates, a fin de que la construcción no se interrumpa.
9
»Denles a los sacerdotes de Jerusalén todo lo que necesiten, sean becerros, carneros o corderos, para las ofrendas quemadas que presenten al Dios del cielo; y sin falta, provéanles toda la sal y todo el trigo, el vino y el aceite de oliva que requieran para cada dÃa.
10
Entonces ellos podrán ofrecer sacrificios aceptables al Dios del cielo y orar por el bienestar del rey y sus hijos.
11
»También declaro que a los que violen de cualquier manera este decreto se les arrancará una viga de su casa; luego, serán atados a esa viga y azotados, y su casa será reducida a un montón de escombros.
12
Que el Dios que eligió la ciudad de Jerusalén como el lugar donde se dé honra a su nombre destruya a cualquier rey o nación que viole este mandato y destruya este templo.
»Yo, DarÃo, he emitido el presente decreto. Que se obedezca al pie de la letra».