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Cuando Saúl regresó de perseguir a los filisteos, le informaron que David estaba en el desierto de Engadi.
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Entonces Saúl tomó consigo tres batallones de hombres escogidos de todo Israel, y se fue por los Peñascos de las Cabras, en busca de David y de sus hombres.
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Por el camino, llegó a un redil de ovejas; y como había una cueva en el lugar, entró allí para hacer sus necesidades. David estaba escondido en el fondo de la cueva, con sus hombres,
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y estos le dijeron:—En verdad, hoy se cumple la promesa que te hizo el SEÑOR cuando te dijo: “Yo pondré a tu enemigo en tus manos, para que hagas con él lo que mejor te parezca”.David se levantó y, sin hacer ruido, cortó el borde del manto de Saúl.
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Pero le remordió la conciencia por lo que había hecho,