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Los profetas de JericĂł, al verlo, exclamaron: «¡El espĂritu de ElĂas se ha posado sobre Eliseo!» Entonces fueron a su encuentro y se postraron ante Ă©l, rostro en tierra.
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—Mira —le dijeron—, aquĂ se encuentran, entre nosotros tus servidores, cincuenta hombres muy capaces, que pueden ir a buscar a tu maestro. Quizás el EspĂritu del SEĂ‘OR lo tomĂł y lo arrojĂł en algĂşn monte o en algĂşn valle.—No —respondiĂł Eliseo—, no los manden.
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Pero ellos insistieron tanto que Ă©l se sintiĂł incĂłmodo y por fin les dijo:—Está bien, mándenlos.AsĂ que enviaron a cincuenta hombres, los cuales buscaron a ElĂas durante tres dĂas, pero no lo encontraron.
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Cuando regresaron a JericĂł, donde se habĂa quedado Eliseo, Ă©l les reclamĂł:—¿No les advertĂ que no fueran?
19
Luego, los habitantes de la ciudad le dijeron a Eliseo:—Señor, como usted puede ver, nuestra ciudad está bien ubicada, pero el agua es mala, y por eso la tierra ha quedado estéril.