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También allà los miembros de la comunidad de profetas de la ciudad se acercaron a Eliseo y le preguntaron:—¿Sabes que hoy el SEÑOR va a quitarte a tu maestro y a dejarte sin guÃa?—Lo sé muy bien; ¡cállense!
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Una vez más ElÃas le dijo:—Quédate aquÃ, pues el SEÑOR me ha enviado al Jordán.Pero Eliseo insistió:—Tan cierto como que el SEÑOR y tú viven, te juro que no te dejaré solo.Asà que los dos siguieron caminando
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y se detuvieron junto al rÃo Jordán. Cincuenta miembros de la comunidad de profetas fueron también hasta ese lugar, pero se mantuvieron a cierta distancia, frente a ellos.
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ElÃas tomó su manto y, enrollándolo, golpeó el agua. El rÃo se partió en dos, de modo que ambos lo cruzaron en seco.
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Al cruzar, ElÃas le preguntó a Eliseo:—¿Qué quieres que haga por ti antes de que me separen de tu lado?—Te pido que sea yo el heredero de tu espÃritu por partida doble —respondió Eliseo.