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Aunque era de noche, el rey se levantó y les dijo a sus ministros:—Déjenme decirles lo que esos sirios están tramando contra nosotros. Como saben que estamos pasando hambre, han abandonado el campamento y se han escondido en el campo. Lo que quieren es que salgamos, para atraparnos vivos y entrar en la ciudad.
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Uno de sus ministros propuso:—Que salgan algunos hombres con cinco de los caballos que aún quedan aquÃ. Si mueren, no les irá peor que a la multitud de israelitas que está por perecer. ¡Enviémoslos a ver qué pasa!
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De inmediato los hombres tomaron dos carros con caballos, y el rey los mandó al campamento del ejército sirio, con instrucciones de que investigaran.
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Llegaron hasta el Jordán y vieron que todo el camino estaba lleno de ropa y de objetos que los sirios habÃan arrojado al huir precipitadamente. De modo que regresaron los mensajeros e informaron al rey,
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y el pueblo salió a saquear el campamento sirio. Y tal como la palabra del SEÑOR lo habÃa dado a conocer, se pudo comprar una medida de flor de harina con una sola moneda de plata, y hasta una doble medida de cebada por el mismo precio.