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e hizo alarde de su enorme riqueza y de sus muchos hijos, y de cómo el rey lo habÃa honrado en todo sentido ascendiéndolo sobre los funcionarios y demás servidores del rey.
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—Es más —añadió Amán—, yo soy el único a quien la reina Ester invitó al banquete que le ofreció al rey. Y también me ha invitado a acompañarlo mañana.
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Pero todo esto no significa nada para mÃ, mientras vea a ese judÃo Mardoqueo sentado a la puerta del rey.
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Su esposa Zeres y todos sus amigos le dijeron:—Haz que se coloque una estaca a veinticinco metros de altura, y por la mañana pÃdele al rey que cuelgue en ella a Mardoqueo. Asà podrás ir contento al banquete con el rey.La sugerencia le agradó a Amán, y mandó que se colocara la estaca.