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—¡Jamás podrÃa yo actuar de ese modo! —respondió José—. Solo será mi esclavo el que tenÃa la copa en su poder. En cuanto a ustedes, regresen tranquilos a la casa de su padre.
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Entonces Judá se acercó a José para decirle:—Mi señor, no se enoje usted conmigo, pero le ruego que me permita hablarle en privado. Para mÃ, usted es tan importante como el faraón.
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Cuando mi señor nos preguntó si todavÃa tenÃamos un padre o algún otro hermano,
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nosotros le contestamos que tenÃamos un padre anciano, y un hermano que le nació a nuestro padre en su vejez. Nuestro padre quiere muchÃsimo a este último porque es el único que le queda de la misma madre, ya que el otro murió.
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Entonces usted nos obligó a traer a este hermano menor para conocerlo.