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Todos los demás —sacerdotes, levitas, porteros, cantores, servidores del templo, todos los que se habĂan separado de los pueblos de aquella tierra para cumplir con la ley de Dios, más sus mujeres, hijos e hijas, y todos los que tenĂan uso de razĂłn—
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se unieron a sus parientes que ocupaban cargos importantes y se comprometieron, bajo juramento, a vivir de acuerdo con la ley que Dios les habĂa dado por medio de su servidor MoisĂ©s, y a obedecer todos los mandamientos, normas y estatutos de nuestro SEĂ‘OR.
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Además, todos nos comprometimos a no casar a nuestras hijas con los habitantes del paĂs ni aceptar a sus hijas como esposas para nuestros hijos.
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TambiĂ©n prometimos que si la gente del paĂs venĂa en sábado, o en cualquier otro dĂa de fiesta, a vender sus mercancĂas o alguna otra clase de vĂveres, nosotros no les comprarĂamos nada. Prometimos asĂ mismo que en el sĂ©ptimo año no cultivarĂamos la tierra, y que perdonarĂamos toda deuda.
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Además, nos impusimos la obligación de contribuir cada año con cuatro gramos de plata para los gastos del templo de nuestro Dios: