ConspiraciĂłn para matar a Pablo
12 Muy de mañana los judĂos tramaron una conspiraciĂłn y juraron bajo maldiciĂłn no comer ni beber hasta que lograran matar a Pablo.
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Más de cuarenta hombres estaban implicados en esta conspiración.
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Se presentaron ante los jefes de los sacerdotes y los ancianos, y les dijeron:—Nosotros hemos jurado bajo maldición no comer nada hasta que logremos matar a Pablo.
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Ahora, con el respaldo del Consejo, pĂdanle al comandante que haga comparecer al reo ante ustedes, con el pretexto de obtener informaciĂłn más precisa sobre su caso. Nosotros estaremos listos para matarlo en el camino.
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Pero cuando el hijo de la hermana de Pablo se enterĂł de esta emboscada, entrĂł en el cuartel y avisĂł a Pablo.
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Este llamó entonces a uno de los centuriones y le pidió:—Lleve a este joven al comandante, porque tiene algo que decirle.
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Asà que el centurión lo llevó al comandante, y le dijo:—El preso Pablo me llamó y me pidió que le trajera este joven, porque tiene algo que decirle.
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El comandante tomó de la mano al joven, lo llevó aparte y le preguntó:—¿Qué quieres decirme?
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—Los judĂos se han puesto de acuerdo para pedirle a usted que mañana lleve a Pablo ante el Consejo con el pretexto de obtener informaciĂłn más precisa acerca de Ă©l.
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No se deje convencer, porque más de cuarenta de ellos lo esperan emboscados. Han jurado bajo maldición no comer ni beber hasta que hayan logrado matarlo. Ya están listos; solo aguardan a que usted les conceda su petición.
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El comandante despidió al joven con esta advertencia:—No le digas a nadie que me has informado de esto.
Trasladan a Pablo a Cesarea
23 Entonces el comandante llamĂł a dos de sus centuriones y les ordenĂł:—Alisten un destacamento de doscientos soldados de infanterĂa, setenta de caballerĂa y doscientos lanceros para que vayan a Cesarea esta noche a las nueve.
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Y preparen cabalgaduras para llevar a Pablo sano y salvo al gobernador Félix.
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Además, escribió una carta en estos términos:
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Claudio Lisias,a su excelencia el gobernador Félix:Saludos.
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Los judĂos prendieron a este hombre y estaban a punto de matarlo, pero yo lleguĂ© con mis soldados y lo rescatĂ©, porque me habĂa enterado de que es ciudadano romano.
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Yo querĂa saber de quĂ© lo acusaban, asĂ que lo llevĂ© al Consejo judĂo.
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DescubrĂ que lo acusaban de algunas cuestiones de su ley, pero no habĂa contra Ă©l cargo alguno que mereciera la muerte o la cárcel.
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Cuando me informaron que se tramaba una conspiración contra este hombre, decidà enviarlo a usted en seguida. También les ordené a sus acusadores que expongan delante de usted los cargos que tengan contra él.
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AsĂ que los soldados, segĂşn se les habĂa ordenado, tomaron a Pablo y lo llevaron de noche hasta AntĂpatris.
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Al dĂa siguiente dejaron que la caballerĂa siguiera con Ă©l mientras ellos volvĂan al cuartel.
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Cuando la caballerĂa llegĂł a Cesarea, le entregaron la carta al gobernador y le presentaron tambiĂ©n a Pablo.
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Félix leyó la carta y preguntó de qué provincia era. Al enterarse de que Pablo era de Cilicia,
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le dijo: «Te daré audiencia cuando lleguen tus acusadores». Y ordenó que lo dejaran bajo custodia en el palacio de Herodes.