Una niña muerta y una mujer enferma
21 Después de que Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se reunió alrededor de él una gran multitud, por lo que él se quedó en la orilla.
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LlegĂł entonces uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a JesĂşs, se arrojĂł a sus pies,
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suplicándole con insistencia:—Mi hijita se está muriendo. Ven y pon tus manos sobre ella para que se sane y viva.
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JesĂşs se fue con Ă©l, y lo seguĂa una gran multitud, la cual lo apretujaba.
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HabĂa entre la gente una mujer que hacĂa doce años padecĂa de hemorragias.
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HabĂa sufrido mucho a manos de varios mĂ©dicos, y se habĂa gastado todo lo que tenĂa sin que le hubiera servido de nada, pues en vez de mejorar, iba de mal en peor.
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Cuando oyó hablar de Jesús, se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto.
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Pensaba: «Si logro tocar siquiera su ropa, quedaré sana».
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Al instante cesĂł su hemorragia, y se dio cuenta de que su cuerpo habĂa quedado libre de esa aflicciĂłn.
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Al momento tambiĂ©n JesĂşs se dio cuenta de que de Ă©l habĂa salido poder, asĂ que se volviĂł hacia la gente y preguntĂł:—¿QuiĂ©n me ha tocado la ropa?
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—Ves que te apretuja la gente —le contestaron sus discĂpulos—, y aun asĂ preguntas: “¿QuiĂ©n me ha tocado?”
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Pero JesĂşs seguĂa mirando a su alrededor para ver quiĂ©n lo habĂa hecho.
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La mujer, sabiendo lo que le habĂa sucedido, se acercĂł temblando de miedo y, arrojándose a sus pies, le confesĂł toda la verdad.
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—¡Hija, tu fe te ha sanado! —le dijo Jesús—. Vete en paz y queda sana de tu aflicción.
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TodavĂa estaba hablando JesĂşs, cuando llegaron unos hombres de la casa de Jairo, jefe de la sinagoga, para decirle:—Tu hija ha muerto. ÂżPara quĂ© sigues molestando al Maestro?
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Sin hacer caso de la noticia, Jesús le dijo al jefe de la sinagoga:—No tengas miedo; cree nada más.
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No dejó que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Jacobo y Juan, el hermano de Jacobo.
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Cuando llegaron a la casa del jefe de la sinagoga, JesĂşs notĂł el alboroto, y que la gente lloraba y daba grandes alaridos.
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Entró y les dijo:—¿Por qué tanto alboroto y llanto? La niña no está muerta sino dormida.
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Entonces empezaron a burlarse de Ă©l, pero Ă©l los sacĂł a todos, tomĂł consigo al padre y a la madre de la niña y a los discĂpulos que estaban con Ă©l, y entrĂł adonde estaba la niña.
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La tomó de la mano y le dijo:—Talita cum (que significa: Niña, a ti te digo, ¡levántate!).
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La niña, que tenĂa doce años, se levantĂł en seguida y comenzĂł a andar. Ante este hecho todos se llenaron de asombro.
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Él dio órdenes estrictas de que nadie se enterara de lo ocurrido, y les mandó que le dieran de comer a la niña.