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Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discÃpulos; y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy?
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Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, ElÃas; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.
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Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decÃs que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
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Mas él, conminándolos, mandó que á nadie dijesen esto;
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Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los prÃncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer dÃa.
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Y decÃa á todos: Si alguno quiere venir en pos de mÃ, niéguese á sà mismo, y tome su cruz cada dÃa, y sÃgame.
24
Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mÃ, éste la salvará.
25
Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y sé pierda él á sà mismo, ó corra peligro de s�
26
Porque el que se avergonzare de mà y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.
27
Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquÃ, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.
28
Y aconteció como ocho dÃas después de estas palabras, que tomó á Pedro y á Juan y á Jacobo, y subió al monte á orar.
29
Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.
30
Y he aquà dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y ElÃas;
31
Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual habÃa de cumplir en Jerusalem.
32
Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él.
33
Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquÃ: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para ElÃas; no sabiendo lo que se decÃa.
34
Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor entrando ellos en la nube.
35
Y vino una voz de la nube, que decÃa: Este es mi Hijo amado; á él oid.
36
Y pasada aquella voz, Jesús fué hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos dÃas no dijeron nada á nadie de lo que habÃan visto.
37
Y aconteció al dÃa siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañÃa les salió al encuentro.
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Y he aquÃ, un hombre de la compañÃa clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo; que es el único que tengo:
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Y he aquà un espÃritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole.
40
Y rogué á tus discÃpulos que le echasen fuera, y no pudieron.
41
Y respondiendo Jesús, dice: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.
42
Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espÃritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió á su padre.
43
Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacÃa, dijo á sus discÃpulos:
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Poned vosotros en vuestros oÃdos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.
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Mas ellos no entendÃan esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temÃan preguntarle de esta palabra.
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Entonces entraron en disputa, cuál de ellos serÃa el mayor.
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Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y púsole junto á sÃ,
48
Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mà nombre, á mà recibe; y cualquiera que me recibiere á mÃ, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande.
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Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.
50
Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.