Proverbios 1; Proverbios 2; Proverbios 3

1 LOS proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel: 2 Para entender sabiduría y doctrina; Para conocer las razones prudentes; 3 Para recibir el consejo de prudencia, Justicia, y juicio y equidad; 4 Para dar sagacidad á los simples, Y á los jóvenes inteligencia y cordura. 5 Oirá el sabio, y aumentará el saber; Y el entendido adquirirá consejo; 6 Para entender parábola y declaración; Palabras de sabios, y sus dichos oscuros. 7 El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza. 8 Oye, hijo mío, la doctrina de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre: 9 Porque adorno de gracia serán á tu cabeza, Y collares á tu cuello. 10 Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, No consientas. 11 Si dijeren: Ven con nosotros, Pongamos asechanzas á la sangre, Acechemos sin motivo al inocente; 12 Los tragaremos vivos como el sepulcro, Y enteros, como los que caen en sima; 13 Hallaremos riquezas de todas suertes, Henchiremos nuestras casas de despojos; 14 Echa tu suerte entre nosotros; Tengamos todos una bolsa: 15 Hijo mío, no andes en camino con ellos; Aparta tu pie de sus veredas: 16 Porque sus pies correrán al mal, E irán presurosos á derramar sangre. 17 Porque en vano se tenderá la red Ante los ojos de toda ave; 18 Mas ellos á su propia sangre ponen asechanzas, Y á sus almas tienden lazo. 19 Tales son las sendas de todo el que es dado á la codicia, La cual prenderá el alma de sus poseedores. 20 La sabiduría clama de fuera, Da su voz en las plazas: 21 Clama en los principales lugares de concurso; En las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones: 22 ¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, Y los burladores desearán el burlar, Y los insensatos aborrecerán la ciencia? 23 Volveos á mi reprensión: He aquí yo os derramaré mi espíritu, Y os haré saber mis palabras. 24 Por cuanto llamé, y no quisisteis: Extendí mi mano, y no hubo quien escuchase; 25 Antes desechasteis todo consejo mío, Y mi reprensión no quisisteis: 26 También yo me reiré en vuestra calamidad, Y me burlaré cuando os viniere lo que teméis; 27 Cuando viniere como una destrucción lo que teméis, Y vuestra calamidad llegare como un torbellino; Cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia. 28 Entonces me llamarán, y no responderé; Buscarme han de mañana, y no me hallarán: 29 Por cuanto aborrecieron la sabiduría, Y no escogieron el temor de Jehová, 30 Ni quisieron mi consejo, Y menospreciaron toda reprensión mía: 31 Comerán pues del fruto de su camino, Y se hartarán de sus consejos. 32 Porque el reposo de los ignorantes los matará, Y la prosperidad de los necios los echará á perder. 33 Mas el que me oyere, habitará confiadamente, Y vivirá reposado, sin temor de mal.
1 HIJO mío, si tomares mis palabras, Y mis mandamientos guardares dentro de ti, 2 Haciendo estar atento tu oído á la sabiduría; Si inclinares tu corazón á la prudencia; 3 Si clamares á la inteligencia, Y á la prudencia dieres tu voz; 4 Si como á la plata la buscares, Y la escudriñares como á tesoros; 5 Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios. 6 Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. 7 El provee de sólida sabiduría á los rectos: Es escudo á los que caminan rectamente. 8 Es el que guarda las veredas del juicio, Y preserva el camino de sus santos. 9 Entonces entenderás justicia, juicio, Y equidad, y todo buen camino. 10 Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, Y la ciencia fuere dulce á tu alma, 11 El consejo te guardará, Te preservará la inteligencia: 12 Para librarte del mal camino, De los hombres que hablan perversidades; 13 Que dejan las veredas derechas, Por andar en caminos tenebrosos; 14 Que se alegran haciendo mal, Que se huelgan en las perversidades del vicio; 15 Cuyas veredas son torcidas, Y torcidos sus caminos. 16 Para librarte de la mujer extraña, De la ajena que halaga con sus palabras; 17 Que desampara el príncipe de su mocedad, Y se olvida del pacto de su Dios. 18 Por lo cual su casa está inclinada á la muerte, Y sus veredas hacia los muertos: 19 Todos los que á ella entraren, no volverán, Ni tomarán las veredas de la vida. 20 Para que andes por el camino de los buenos, Y guardes las veredas de los justos. 21 Porque los rectos habitarán la tierra, Y los perfectos permanecerán en ella; 22 Mas los impíos serán cortados de la tierra, Y los prevaricadores serán de ella desarraigados.
1 HIJO mío, no te olvides de mi ley; Y tu corazón guarde mis mandamientos: 2 Porque largura de días, y años de vida Y paz te aumentarán. 3 Misericordia y verdad no te desamparen; Atalas á tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón: 4 Y hallarás gracia y buena opinión En los ojos de Dios y de los hombres. 5 Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no estribes en tu prudencia. 6 Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. 7 No seas sabio en tu opinión: Teme á Jehová, y apártate del mal; 8 Porque será medicina á tu ombligo, Y tuétano á tus huesos. 9 Honra á Jehová de tu sustancia, Y de las primicias de todos tus frutos; 10 Y serán llenas tus trojes con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto. 11 No deseches, hijo mío, el castigo de Jehová; Ni te fatigues de su corrección: 12 Porque al que ama castiga, Como el padre al hijo á quien quiere. 13 Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, Y que obtiene la inteligencia: 14 Porque su mercadería es mejor que la mercadería de la plata, Y sus frutos más que el oro fino. 15 Más preciosa es que las piedras preciosas; Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar á ella. 16 Largura de días está en su mano derecha; En su izquierda riquezas y honra. 17 Sus caminos son caminos deleitosos, Y todas sus veredas paz. 18 Ella es árbol de vida á los que de ella asen: Y bienaventurados son los que la mantienen. 19 Jehová con sabiduría fundó la tierra; Afirmó los cielos con inteligencia. 20 Con su ciencia se partieron los abismos, Y destilan el rocío los cielos. 21 Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; Guarda la ley y el consejo; 22 Y serán vida á tu alma, Y gracia á tu cuello. 23 Entonces andarás por tu camino confiadamente, Y tu pie no tropezará. 24 Cuando te acostares, no tendrás temor; Antes te acostarás, y tu sueño será suave. 25 No tendrás temor de pavor repentino, Ni de la ruina de los impíos cuando viniere: 26 Porque Jehová será tu confianza, Y él preservará tu pie de ser preso. 27 No detengas el bien de sus dueños, Cuando tuvieres poder para hacerlo. 28 No digas á tu prójimo: Ve, y vuelve, Y mañana te daré; Cuando tienes contigo qué darle. 29 No intentes mal contra tu prójimo, Estando él confiado de ti. 30 No pleitees con alguno sin razón, Si él no te ha hecho agravio. 31 No envidies al hombre injusto, Ni escojas alguno de sus caminos. 32 Porque el perverso es abominado de Jehová: Mas su secreto es con los rectos. 33 La maldición de Jehová está en la casa del impío; Mas él bendecirá la morada de los justos. 34 Ciertamente él escarnecerá á los escarnecedores, Y á los humildes dará gracia. 35 Los sabios heredarán honra: Mas los necios sostendrán ignominia.
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