Proverbios 27; Proverbios 28; Proverbios 29

1 NO te jactes del día de mañana; Porque no sabes qué dará de sí el día. 2 Alábete el extraño, y no tu boca; El ajeno, y no tus labios. 3 Pesada es la piedra, y la arena pesa; Mas la ira del necio es más pesada que ambas cosas. 4 Cruel es la ira, é impetuoso el furor; Mas ¿quién parará delante de la envidia? 5 Mejor es reprensión manifiesta Que amor oculto. 6 Fieles son las heridas del que ama; Pero importunos los besos del que aborrece. 7 El alma harta huella el panal de miel; Mas al alma hambrienta todo lo amargo es dulce. 8 Cual ave que se va de su nido, Tal es el hombre que se va de su lugar. 9 El ungüento y el perfume alegran el corazón: Y el amigo al hombre con el cordial consejo. 10 No dejes á tu amigo, ni al amigo de tu padre; Ni entres en casa de tu hermano el día de tu aflicción. Mejor es el vecino cerca que el hermano lejano. 11 Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, Y tendré qué responder al que me deshonrare. 12 El avisado ve el mal, y escóndese, Mas los simples pasan, y llevan el daño. 13 Quítale su ropa al que fió al extraño; Y al que fió á la extraña, tómale prenda. 14 El que bendice á su amigo en alta voz, madrugando de mañana, Por maldición se le contará. 15 Gotera continua en tiempo de lluvia, Y la mujer rencillosa, son semejantes: 16 El que pretende contenerla, arresta el viento: O el aceite en su mano derecha. 17 Hierro con hierro se aguza; Y el hombre aguza el rostro de su amigo. 18 El que guarda la higuera, comerá su fruto; Y el que guarda á su señor, será honrado. 19 Como un agua se parece á otra, Así el corazón del hombre al otro. 20 El sepulcro y la perdición nunca se hartan: Así los ojos del hombre nunca están satisfechos. 21 El crisol prueba la plata, y la hornaza el oro: Y al hombre la boca del que lo alaba. 22 Aunque majes al necio en un mortero entre granos de trigo á pisón majados, No se quitará de él su necedad. 23 Considera atentamente el aspecto de tus ovejas; Pon tu corazón á tus rebaños: 24 Porque las riquezas no son para siempre; ¿Y será la corona para perpetuas generaciones? 25 Saldrá la grama, aparecerá la hierba, Y segaránse las hierbas de los montes. 26 Los corderos para tus vestidos, Y los cabritos para el precio del campo: 27 Y abundancia de leche de las cabras para tu mantenimiento, y para mantenimiento de tu casa, Y para sustento de tus criadas.
1 HUYE el impío sin que nadie lo persiga: Mas el justo está confiado como un leoncillo. 2 Por la rebelión de la tierra sus príncipes son muchos: Mas por el hombre entendido y sabio permanecerá sin mutación. 3 El hombre pobre y robador de los pobres, Es lluvia de avenida y sin pan. 4 Los que dejan la ley, alaban á los impíos: Mas los que la guardan, contenderán con ellos. 5 Los hombres malos no entienden el juicio: Mas los que buscan á Jehová, entienden todas las cosas. 6 Mejor es el pobre que camina en su integridad, Que el de perversos caminos, y rico. 7 El que guarda la ley es hijo prudente: Mas el que es compañero de glotones, avergüenza á su padre. 8 El que aumenta sus riquezas con usura y crecido interés, Para que se dé á los pobres lo allega. 9 El que aparta su oído para no oir la ley, Su oración también es abominable. 10 El que hace errar á los rectos por el mal camino, Él caerá en su misma sima: Mas los perfectos heredarán el bien. 11 El hombre rico es sabio en su opinión: Mas el pobre entendido lo examinará. 12 Cuando los justos se alegran, grande es la gloria; Mas cuando los impíos son levantados, es buscado el hombre. 13 El que encubre sus pecados, no prosperará: Mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia. 14 Bienaventurado el hombre que siempre está temeroso: Mas el que endurece su corazón, caerá en mal. 15 León rugiente y oso hambriento, Es el príncipe impío sobre el pueblo pobre. 16 El príncipe falto de entendimiento multiplicará los agravios: Mas el que aborrece la avaricia, prolongará sus días. 17 El hombre que hace violencia con sangre de persona, Huirá hasta el sepulcro, y nadie le detendrá. 18 El que en integridad camina, será salvo; Mas el de perversos caminos caerá en alguno. 19 El que labra su tierra, se hartará de pan: Mas el que sigue los ociosos, se hartará de pobreza. 20 El hombre de verdad tendrá muchas bendiciones: Mas el que se apresura á enriquecer, no será sin culpa. 21 Tener acepción de personas, no es bueno: Hasta por un bocado de pan prevaricará el hombre. 22 Apresúrase á ser rico el hombre de mal ojo; Y no conoce que le ha de venir pobreza. 23 El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia Que el que lisonjea con la lengua. 24 El que roba á su padre ó á su madre, y dice que no es maldad, Compañero es del hombre destruidor. 25 El altivo de ánimo suscita contiendas: Mas el que en Jehová confía, medrará. 26 El que confía en su corazón es necio; Mas el que camina en sabiduría, será salvo. 27 El que da al pobre, no tendrá pobreza: Mas el que aparta sus ojos, tendrá muchas maldiciones. 28 Cuando los impíos son levantados, esconderáse el hombre: Mas cuando perecen, los justos se multiplican.
1 EL hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado; ni habrá para él medicina. 2 Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra: Mas cuando domina el impío, el pueblo gime. 3 El hombre que ama la sabiduría, alegra á su padre: Mas el que mantiene rameras, perderá la hacienda. 4 El rey con el juicio afirma la tierra: Mas el hombre de presentes la destruirá. 5 El hombre que lisonjea á su prójimo, Red tiende delante de sus pasos. 6 En la prevaricación del hombre malo hay lazo: Mas el justo cantará y se alegrará. 7 Conoce el justo la causa de los pobres: Mas el impío no entiende sabiduría. 8 Los hombres escarnecedores enlazan la ciudad: Mas los sabios apartan la ira. 9 Si el hombre sabio contendiere con el necio, Que se enoje ó que se ría, no tendrá reposo. 10 Los hombres sanguinarios aborrecen al perfecto: Mas los rectos buscan su contentamiento. 11 El necio da suelta á todo su espíritu; Mas el sabio al fin le sosiega. 12 Del señor que escucha la palabra mentirosa, Todos sus ministros son impíos. 13 El pobre y el usurero se encontraron: Jehová alumbra los ojos de ambos. 14 El rey que juzga con verdad á los pobres, Su trono será firme para siempre. 15 La vara y la corrección dan sabiduría: Mas el muchacho consentido avergonzará á su madre. 16 Cuando los impíos son muchos, mucha es la prevaricación; Mas los justos verán la ruina de ellos. 17 Corrige á tu hijo, y te dará descanso, Y dará deleite á tu alma. 18 Sin profecía el pueblo será disipado: Mas el que guarda la ley, bienaventurado él. 19 El siervo no se corregirá con palabras: Porque entiende, mas no corresponde. 20 ¿Has visto hombre ligero en sus palabras? Más esperanza hay del necio que de él. 21 El que regala á su siervo desde su niñez, A la postre será su hijo: 22 El hombre iracundo levanta contiendas; Y el furioso muchas veces peca. 23 La soberbia del hombre le abate; Pero al humilde de espíritu sustenta la honra. 24 El aparcero del ladrón aborrece su vida; Oirá maldiciones, y no lo denunciará. 25 El temor del hombre pondrá lazo: Mas el que confía en Jehová será levantado. 26 Muchos buscan el favor del príncipe: Mas de Jehová viene el juicio de cada uno. 27 Abominación es á los justos el hombre inicuo; Y abominación es al impío el de rectos caminos.
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