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Y llegando el criado adonde estaba la saeta que Jonatán habÃa tirado, Jonatán dio voces tras el muchacho, diciendo: ¿No está la saeta más allá de ti?
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Y volvió a gritar Jonatán tras el muchacho: Date prisa, aligera, no te pares. Y el criado de Jonatán cogió las saetas, y se vino a su señor.
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Pero ninguna cosa entendió el criado; solamente Jonatán y David entendÃan el asunto.
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Luego dio Jonatán sus armas a su criado, y le dijo: Vete y llévalas a la ciudad.
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Y
luego que el muchacho se hubo ido, se levantó David de la parte del mediodÃa, y se inclinó tres veces postrándose hasta
la tierra; y besándose el uno al otro, lloraron el uno con el otro, aunque David lloró más.