9
Hablando y diciendo al rey Nabucodonosor: rey, para siempre vive.
10
Tú, oh rey, pusiste ley que todo hombre al oÃr el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento musical, se postrase y adorase la estatua de oro:
11
y el que no se postrase y
la adorase, fuese echado dentro del horno de fuego ardiendo.
12
Hay
unos varones judÃos, los cuales
tú pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia; Sadrac, Mesac, y Abed-nego; estos varones, oh rey, no han hecho cuenta de ti; no adoran tus dioses, no adoran la estatua de oro que tú levantaste.
13
Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac, y Abed-nego. Luego fueron traÃdos estos varones delante del rey.