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Si le dejamos asÃ, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación.
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Y Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;
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ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda.
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Mas esto no lo dijo de sà mismo; sino que, como era el sumo sacerdote de aquel año, profetizó que Jesús habÃa de morir por la nación;
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y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban dispersos.
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Asà que, desde aquel dÃa consultaban juntos para matarle.
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De manera que Jesús ya no andaba manifiestamente entre los judÃos; mas se fue de allà a la tierra que está junto al desierto, a una ciudad que se llama EfraÃn; y se estaba allà con sus discÃpulos.
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Y la Pascua de los judÃos estaba cerca; y muchos subieron de la tierra a Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse;
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y buscaban a Jesús, y hablaban los unos con los otros estando en el Templo: ¿Qué os parece? ¿Qué no vendrá a la fiesta?
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Y los sumo sacerdotes y los fariseos habÃan dado mandamiento, que si alguno supiese dónde estuviera, lo manifestase, para que le prendiesen.