Salmos 60; Salmos 61; Salmos 62; Romanos 5

1 Oh Dios, tú nos has rechazado, nos has quebrantado, te has airado. Restáuranos, oh Dios. 2 Has hecho temblar la tierra, la has hendido; sana sus hendiduras, porque se tambalea. 3 Cosas duras has hecho ver a tu pueblo; nos has dado a beber vino embriagador. 4 Has dado un estandarte a los que te temen, para que sea alzado por causa de la verdad. (Selah) 5 Para que sean librados tus amados, salva con tu diestra, y respóndeme. 6 Dios ha hablado en su santidad : Me alegraré, repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot. 7 Mío es Galaad, mío es Manasés, Efraín es el yelmo de mi cabeza, Judá es mi cetro . 8 Moab es la vasija en que me lavo; sobre Edom arrojaré mi zapato; clama a gritos, oh Filistea, a causa de mí. 9 ¿Quién me conducirá a la ciudad fortificada? ¿Quién me guiará hasta Edom? 10 ¿No eres tú, oh Dios, el que nos ha rechazado? ¿No saldrás, oh Dios, con nuestros ejércitos? 11 Danos ayuda contra el adversario, pues vano es el auxilio del hombre. 12 En Dios haremos proezas, y El hollará a nuestros adversarios.
1 Oye, oh Dios, mi clamor; atiende a mi oración. 2 Desde los confines de la tierra te invoco, cuando mi corazón desmaya. Condúceme a la roca que es más alta que yo. 3 Porque tú has sido refugio para mí, torre fuerte frente al enemigo. 4 Que more yo en tu tienda para siempre; y me abrigue en el refugio de tus alas. (Selah) 5 Porque tú, oh Dios, has escuchado mis votos; tú me has dado la heredad de los que temen tu nombre. 6 Tú añadirás días a los días del rey; sus años serán como muchas generaciones. 7 El reinará para siempre delante de Dios; concédele misericordia y verdad para que lo guarden. 8 Así cantaré alabanzas a tu nombre para siempre, cumpliendo mis votos día tras día.
1 En Dios solamente espera en silencio mi alma; de El viene mi salvación. 2 Sólo El es mi roca y mi salvación, mi baluarte, nunca seré sacudido. 3 ¿Hasta cuándo atacaréis a un hombre, vosotros todos, para derribarlo, como pared inclinada, como cerca que se tambalea? 4 Solamente consultan para derribarlo de su eminencia; en la falsedad se deleitan; bendicen con la boca, pero por dentro maldicen. (Selah) 5 Alma mía, espera en silencio solamente en Dios, pues de El viene mi esperanza. 6 Sólo El es mi roca y mi salvación, mi refugio, nunca seré sacudido. 7 En Dios descansan mi salvación y mi gloria; la roca de mi fortaleza, mi refugio, está en Dios. 8 Confiad en El en todo tiempo, oh pueblo; derramad vuestro corazón delante de El; Dios es nuestro refugio. (Selah) 9 Los hombres de baja condición sólo son vanidad, y los de alto rango son mentira; en la balanza suben, todos juntos pesan menos que un soplo. 10 No confiéis en la opresión, ni en el robo pongáis vuestra esperanza; si las riquezas aumentan, no pongáis el corazón en ellas. 11 Una vez ha hablado Dios; dos veces he oído esto : Que de Dios es el poder; 12 y tuya es, oh Señor, la misericordia, pues tú pagas al hombre conforme a sus obras.
1 Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, 2 por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4 y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza; 5 y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado. 6 Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. 7 Porque a duras penas habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno. 8 Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. 9 Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de El. 10 Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. 11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación. 12 Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron; 13 pues antes de la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa cuando no hay ley. 14 Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir. 15 Pero no sucede con la dádiva como con la transgresión. Porque si por la transgresión de uno murieron los muchos, mucho más, la gracia de Dios y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo, abundaron para los muchos. 16 Tampoco sucede con el don como con lo que vino por medio de aquel que pecó; porque ciertamente el juicio surgió a causa de una transgresión, resultando en condenación; pero la dádiva surgió a causa de muchas transgresiones resultando en justificación. 17 Porque si por la transgresión de uno, por éste reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por medio de uno, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. 18 Así pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres, así también por un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres. 19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos. 20 Y la ley se introdujo para que abundara la transgresión, pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia, 21 para que así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor.
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