22
Entonces la otra mujer interrumpió:
—Claro que era tu hijo, y el niño que está vivo es el mÃo.
—¡No! —dijo la mujer que habló primero—, el niño que está vivo es el mÃo y el que está muerto es el tuyo.
Asà discutÃan sin parar delante del rey.
23
Entonces el rey dijo: «Aclaremos los hechos. Las dos afirman que el niño que está vivo es suyo, y cada una dice que el que está muerto pertenece a la otra.
24
Muy bien, tráiganme una espada». Asà que le trajeron una espada.
25
Luego dijo: «¡Partan al niño que está vivo en dos, y denle la mitad del niño a una y la otra mitad a la otra!».
26
Entonces la verdadera madre del niño, la que lo amaba mucho, gritó: «¡Oh no, mi señor! ¡Denle el niño a ella, pero, por favor, no lo maten!».
En cambio, la otra mujer dijo: «Me parece bien, asà no será ni tuyo ni mÃo; ¡divÃdanlo entre las dos!».