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Dijeron al rey Nabucodonosor: «¡Que viva el rey!
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Usted emitió un decreto que exige a todo el pueblo inclinarse y rendir culto a la estatua de oro al oÃr tocar la trompeta, la flauta, la cÃtara, la lira, el arpa, la zampoña y otros instrumentos musicales.
11
Ese decreto también establece que quienes se rehúsen a obedecer serán arrojados dentro de un horno ardiente.
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Pues hay algunos judÃos —Sadrac, Mesac y Abed-nego— a los que usted puso a cargo de la provincia de Babilonia que no le prestan atención, su Majestad. Se niegan a servir a los dioses de su Majestad y no rinden culto a la estatua de oro que usted ha levantado».
13
Entonces Nabucodonosor se enfureció y ordenó que trajeran ante él a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Cuando los trajeron,