28
»No obstante, apenas tenĂan paz, volvĂan a cometer maldades ante tus ojos, y una vez más permitiste que sus enemigos los conquistaran. Sin embargo, cada vez que tu pueblo volvĂa y nuevamente clamaba a ti por ayuda, desde el cielo tĂş lo escuchabas una vez más. En tu maravillosa misericordia, los rescataste muchas veces.
29
»Les advertĂas que regresaran a tu ley, pero ellos se volvieron orgullosos y obstinados, y desobedecieron tus mandatos. No siguieron tus ordenanzas que dan vida a quienes las obedecen. Tercamente te dieron la espalda y se negaron a escuchar.
30
En tu amor fuiste paciente con ellos durante muchos años. Enviaste tu EspĂritu, quien les advertĂa por medio de los profetas. ¡Pero aun asĂ no quisieron escuchar! Entonces nuevamente permitiste que los pueblos de la tierra los conquistaran;
31
pero en tu gran misericordia no los destruiste por completo ni los abandonaste para siempre. ¡Qué Dios tan bondadoso y misericordioso eres tú!
32
»Ahora, Dios nuestro —Dios grande, poderoso y temible que cumple su pacto de amor inagotable—, no permitas que todas las privaciones que hemos sufrido te parezcan insignificantes. Grandes dificultades cayeron sobre nosotros, nuestros reyes, nuestros lĂderes, nuestros sacerdotes, nuestros profetas y nuestros antepasados —todo tu pueblo—, desde los dĂas cuando los reyes de Asiria por primera vez nos vencieron hasta el dĂa de hoy.