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El rey y Amán fueron al banquete de la reina Ester,
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y al segundo dÃa, mientras brindaban, el rey le preguntó otra vez:—Dime qué deseas, reina Ester, y te lo concederé. ¿Cuál es tu petición? ¡Aun cuando fuera la mitad del reino, te lo concederÃa!
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Ester respondió:—Si me he ganado el favor de Su Majestad, y si le parece bien, mi deseo es que me conceda la vida. Mi petición es que se compadezca de mi pueblo.
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Porque a mà y a mi pueblo se nos ha vendido para exterminio, muerte y aniquilación. Si solo se nos hubiera vendido como esclavos, yo me habrÃa quedado callada, pues tal angustia no serÃa motivo suficiente para inquietar a Su Majestad.
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El rey le preguntó:—¿Y quién es ese que se ha atrevido a concebir semejante barbaridad? ¿Dónde está?