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Al oÃr esto, Jesús le dijo a Jairo:—No tengas miedo; cree nada más, y ella será sanada.
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Cuando llegó a la casa de Jairo, no dejó que nadie entrara con él, excepto Pedro, Juan y Jacobo, y el padre y la madre de la niña.
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Todos estaban llorando, muy afligidos por ella.—Dejen de llorar —les dijo Jesús—. No está muerta sino dormida.
53
Entonces ellos empezaron a burlarse de él porque sabÃan que estaba muerta.
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Pero él la tomó de la mano y le dijo:—¡Niña, levántate!