ParƔbola del buen samaritano
25 En esto se presentó un experto en la ley y, para poner a prueba a JesĆŗs, le hizo esta pregunta:āMaestro, ĀæquĆ© tengo que hacer para heredar la vida eterna?
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JesĆŗs replicó:āĀæQuĆ© estĆ” escrito en la ley? ĀæCómo la interpretas tĆŗ?
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Como respuesta el hombre citó:āāAma al SeƱor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu menteā, y: āAma a tu prójimo como a ti mismoā.
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āBien contestado āle dijo JesĆŗsā. Haz eso y vivirĆ”s.
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Pero Ć©l querĆa justificarse, asĆ que le preguntó a JesĆŗs:āĀæY quiĆ©n es mi prójimo?
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JesĆŗs respondió:āBajaba un hombre de JerusalĆ©n a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejĆ”ndolo medio muerto.
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Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo.
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Asà también llegó a aquel lugar un levita, y al verlo, se desvió y siguió de largo.
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Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él.
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Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó.
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Al dĆa siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueƱo del alojamiento. āCuĆdemelo āle dijoā, y lo que gaste usted de mĆ”s, se lo pagarĆ© cuando yo vuelvaā.
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¿CuÔl de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
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āEl que se compadeció de Ć©l ācontestó el experto en la ley.āAnda entonces y haz tĆŗ lo mismo āconcluyó JesĆŗs.