6
Pero si el atalaya viere venir la espada, y no tocare la corneta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, tomare de él alguno; por causa de su pecado fué tomado, mas demandaré su sangre de mano del atalaya.
7
Tú pues, hijo del hombre, yo te he puesto por atalaya á la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los apercibirás de mi parte.
8
Diciendo yo al impĂo: ImpĂo, de cierto morirás; si tĂş no hablares para que se guarde el impĂo de su camino, el impĂo morirá por su pecado, mas su sangre yo la demandarĂ© de tu mano.
9
Y si tĂş avisares al impĂo de su camino para que de Ă©l se aparte, y Ă©l no se apartare de su camino, por su pecado morirá Ă©l, y tĂş libraste tu vida.
10
TĂş pues, hijo del hombre, di á la casa de Israel: Vosotros habĂ©is hablado asĂ, diciendo: Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y á causa de ellos somos consumidos: ÂżcĂłmo pues viviremos?