Judas acuerda traicionar a JesĂşs
14 Uno de los doce, el que se llamaba Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes.
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—¿Cuánto me dan, y yo les entrego a Jesús? —les propuso.Decidieron pagarle treinta monedas de plata.
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Y desde entonces Judas buscaba una oportunidad para entregarlo.
La Cena del Señor
17 El primer dĂa de la fiesta de los Panes sin levadura, se acercaron los discĂpulos a JesĂşs y le preguntaron:—¿DĂłnde quieres que hagamos los preparativos para que comas la Pascua?
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Él les respondiĂł que fueran a la ciudad, a la casa de cierto hombre, y le dijeran: «El Maestro dice: “Mi tiempo está cerca. Voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discĂpulos”».
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Los discĂpulos hicieron entonces como JesĂşs les habĂa mandado, y prepararon la Pascua.
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Al anochecer, JesĂşs estaba sentado a la mesa con los doce.
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Mientras comĂan, les dijo:—Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar.
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Ellos se entristecieron mucho, y uno por uno comenzaron a preguntarle:—¿Acaso seré yo, Señor?
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—El que mete la mano conmigo en el plato es el que me va a traicionar —respondió Jesús—.
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A la verdad el Hijo del hombre se irá, tal como está escrito de Ă©l, pero ¡ay de aquel que lo traiciona! Más le valdrĂa a ese hombre no haber nacido.
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—¿Acaso seré yo, Rab� —le dijo Judas, el que lo iba a traicionar.—Tú lo has dicho —le contestó Jesús.
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Mientras comĂan, JesĂşs tomĂł pan y lo bendijo. Luego lo partiĂł y se lo dio a sus discĂpulos, diciĂ©ndoles:—Tomen y coman; esto es mi cuerpo.
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Después tomó la copa, dio gracias, y se la ofreció diciéndoles:—Beban de ella todos ustedes.
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Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos para el perdĂłn de pecados.
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Les digo que no beberĂ© de este fruto de la vid desde ahora en adelante, hasta el dĂa en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre.
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Después de cantar los salmos, salieron al monte de los Olivos.
JesĂşs predice la negaciĂłn de Pedro
31 —Esta misma noche —les dijo Jesús— todos ustedes me abandonarán, porque está escrito:»“Heriré al pastor,y se dispersarán las ovejas del rebaño”.
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Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea.
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—Aunque todos te abandonen —declaró Pedro—, yo jamás lo haré.
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—Te aseguro —le contestó Jesús— que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.
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—Aunque tenga que morir contigo —insistiĂł Pedro—, jamás te negarĂ©.Y los demás discĂpulos dijeron lo mismo.
JesĂşs en GetsemanĂ
36 Luego fue JesĂşs con sus discĂpulos a un lugar llamado GetsemanĂ, y les dijo: «SiĂ©ntense aquĂ mientras voy más allá a orar».
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Se llevĂł a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzĂł a sentirse triste y angustiado.
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«Es tal la angustia que me invade, que me siento morir —les dijo—. Quédense aquà y manténganse despiertos conmigo».
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Yendo un poco más allá, se postrĂł sobre su rostro y orĂł: «Padre mĂo, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú».
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Luego volviĂł adonde estaban sus discĂpulos y los encontrĂł dormidos. «¿No pudieron mantenerse despiertos conmigo ni una hora? —le dijo a Pedro—.
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EstĂ©n alerta y oren para que no caigan en tentaciĂłn. El espĂritu está dispuesto, pero el cuerpo es dĂ©bil».
42
Por segunda vez se retirĂł y orĂł: «Padre mĂo, si no es posible evitar que yo beba este trago amargo, hágase tu voluntad».
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Cuando volvió, otra vez los encontró dormidos, porque se les cerraban los ojos de sueño.
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AsĂ que los dejĂł y se retirĂł a orar por tercera vez, diciendo lo mismo.
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VolviĂł de nuevo a los discĂpulos y les dijo: «¿Siguen durmiendo y descansando? Miren, se acerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores.
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¡Levántense! ¡Vámonos! ¡Ahà viene el que me traiciona!»
Arresto de JesĂşs
47 TodavĂa estaba hablando JesĂşs cuando llegĂł Judas, uno de los doce. Lo acompañaba una gran turba armada con espadas y palos, enviada por los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo.
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El traidor les habĂa dado esta contraseña: «Al que le dĂ© un beso, ese es; arrĂ©stenlo».
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En seguida Judas se acercĂł a JesĂşs y lo saludĂł.—¡RabĂ! —le dijo, y lo besĂł.
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—Amigo —le replicó Jesús—, ¿a qué vienes?Entonces los hombres se acercaron y prendieron a Jesús.
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En eso, uno de los que estaban con él extendió la mano, sacó la espada e hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole una oreja.
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—Guarda tu espada —le dijo Jesús—, porque los que a hierro matan, a hierro mueren.
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ÂżCrees que no puedo acudir a mi Padre, y al instante pondrĂa a mi disposiciĂłn más de doce batallones de ángeles?
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Pero entonces, ÂżcĂłmo se cumplirĂan las Escrituras que dicen que asĂ tiene que suceder?
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Y de inmediato dijo a la turba:—¿Acaso soy un bandido, para que vengan con espadas y palos a arrestarme? Todos los dĂas me sentaba a enseñar en el templo, y no me prendieron.
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Pero todo esto ha sucedido para que se cumpla lo que escribieron los profetas.Entonces todos los discĂpulos lo abandonaron y huyeron.
JesĂşs ante el Consejo
57 Los que habĂan arrestado a JesĂşs lo llevaron ante Caifás, el sumo sacerdote, donde se habĂan reunido los maestros de la ley y los ancianos.
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Pero Pedro lo siguió de lejos hasta el patio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los guardias para ver en qué terminaba aquello.
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Los jefes de los sacerdotes y el Consejo en pleno buscaban alguna prueba falsa contra JesĂşs para poder condenarlo a muerte.
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Pero no la encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos.Por fin se presentaron dos,
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que declararon:—Este hombre dijo: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres dĂas”.
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Poniéndose en pie, el sumo sacerdote le dijo a Jesús:—¿No vas a responder? ¿Qué significan estas denuncias en tu contra?
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Pero Jesús se quedó callado. Asà que el sumo sacerdote insistió:—Te ordeno en el nombre del Dios viviente que nos digas si eres el Cristo, el Hijo de Dios.
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—Tú lo has dicho —respondió Jesús—. Pero yo les digo a todos: De ahora en adelante verán ustedes al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo.
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—¡Ha blasfemado! —exclamĂł el sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras—. ÂżPara quĂ© necesitamos más testigos? ¡Miren, ustedes mismos han oĂdo la blasfemia!
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¿Qué piensan de esto?—Merece la muerte —le contestaron.
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Entonces algunos le escupieron en el rostro y le dieron puñetazos. Otros lo abofeteaban
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y decĂan:—A ver, Cristo, ¡adivina quiĂ©n te pegĂł!
Pedro niega a JesĂşs
69 Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio, y una criada se le acercó.—Tú también estabas con Jesús de Galilea —le dijo.
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Pero él lo negó delante de todos, diciendo:—No sé de qué estás hablando.
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Luego saliĂł a la puerta, donde otra criada lo vio y dijo a los que estaban allĂ:—Este estaba con JesĂşs de Nazaret.
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Él lo volvió a negar, jurándoles:—¡A ese hombre ni lo conozco!
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Poco después se acercaron a Pedro los que estaban allà y le dijeron:—Seguro que eres uno de ellos; se te nota por tu acento.
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Y comenzó a echarse maldiciones, y les juró:—¡A ese hombre ni lo conozco!En ese instante cantó un gallo.
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Entonces Pedro se acordĂł de lo que JesĂşs habĂa dicho: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces». Y saliendo de allĂ, llorĂł amargamente.