6
Y bajó a la era e hizo todo lo que su suegra le habÃa mandado.
7
Booz comió y bebió, y se puso alegre. Luego se fue a dormir detrás del montón de grano. Más tarde Rut se acercó sigilosamente, le destapó los pies y se acostó allÃ.
8
A medianoche Booz se despertó sobresaltado y, al darse vuelta, descubrió que habÃa una mujer acostada a sus pies.
9
—¿Quién eres? —le preguntó.—Soy Rut, su sierva. Extienda sobre mà el borde de su manto, ya que usted es un pariente que me puede redimir.
10
—Que el SEÑOR te bendiga, hija mÃa. Esta nueva muestra de lealtad de tu parte supera la anterior, ya que no has ido en busca de hombres jóvenes, sean ricos o pobres.
11
Y ahora, hija mÃa, no tengas miedo. Haré por ti todo lo que me pidas. Todo mi pueblo sabe que eres una mujer ejemplar.
12
Ahora bien, aunque es cierto que soy un pariente que puede redimirte, hay otro más cercano que yo.
13
Quédate aquà esta noche. Mañana, si él quiere redimirte, está bien que lo haga. Pero si no está dispuesto a hacerlo, ¡tan cierto como que el SEÑOR vive, te juro que yo te redimiré! Ahora acuéstate aquà hasta que amanezca.
14
Asà que se quedó acostada a sus pies hasta el amanecer, y se levantó cuando aún estaba oscuro; pues él habÃa dicho: «Que no se sepa que una mujer vino a la era».
15
Luego Booz le dijo:—Pásame el manto que llevas puesto y sosténlo firmemente.Rut lo hizo asÃ, y él echó en el manto veinte kilos de cebada y puso la carga sobre ella. Luego él regresó al pueblo.