10
—Que el SEĂ‘OR te bendiga, hija mĂa. Esta nueva muestra de lealtad de tu parte supera la anterior, ya que no has ido en busca de hombres jĂłvenes, sean ricos o pobres.
11
Y ahora, hija mĂa, no tengas miedo. HarĂ© por ti todo lo que me pidas. Todo mi pueblo sabe que eres una mujer ejemplar.
12
Ahora bien, aunque es cierto que soy un pariente que puede redimirte, hay otro más cercano que yo.
13
Quédate aquà esta noche. Mañana, si él quiere redimirte, está bien que lo haga. Pero si no está dispuesto a hacerlo, ¡tan cierto como que el SEÑOR vive, te juro que yo te redimiré! Ahora acuéstate aquà hasta que amanezca.
14
AsĂ que se quedĂł acostada a sus pies hasta el amanecer, y se levantĂł cuando aĂşn estaba oscuro; pues Ă©l habĂa dicho: «Que no se sepa que una mujer vino a la era».