60
Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó á Jesús, diciendo: ¿No respondes algo? ¿Qué atestiguan estos contra ti?
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Mas Ă©l callaba, y nada respondĂa. El sumo sacerdote le volviĂł á preguntar, y le dice: ÂżEres tĂş el Cristo, el Hijo del Bendito?
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Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado á la diestra de la potencia de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.
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Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus vestidos, dijo: ¿Qué más tenemos necesidad de testigos?
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OĂdo habĂ©is la blasfemia: ÂżquĂ© os parece? Y ellos todos le condenaron ser culpado de muerte.
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Y algunos comenzaron á escupir en Ă©l, y cubrir su rostro, y á darle bofetadas, y decirle: Profetiza. Y los servidores le herĂan de bofetadas.
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Y estando Pedro abajo en el atrio, vino una de las criadas del sumo sacerdote;
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Y como vió á Pedro que se calentaba, mirándole, dice: Y tú con Jesús el Nazareno estabas.
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Mas él negó, diciendo: No conozco, ni sé lo que dices. Y se salió fuera á la entrada; y cantó el gallo.
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Y la criada viĂ©ndole otra vez, comenzĂł á decir á los que estaban allĂ: Este es de ellos.
70
Mas él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allà dijeron otra vez á Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres Galileo, y tu habla es semejante.