Judá y Tamar
1 Por esos dĂas, Judá se apartĂł de sus hermanos y se fue a vivir a la casa de un hombre llamado Hirá, residente del pueblo de Adulán.
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Allà Judá conoció a una mujer, hija de un cananeo llamado Súa, y se casó con ella. Luego de tener relaciones con él,
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ella concibiĂł y dio a luz un hijo, al que llamĂł Er.
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Tiempo después volvió a concebir, y dio a luz otro hijo, al que llamó Onán.
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Pasado el tiempo tuvo otro hijo, al que llamó Selá, el cual nació en Quezib.
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Judá consiguió para Er, su hijo mayor, una esposa que se llamaba Tamar.
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Pero al SEÑOR no le agradó la conducta del primogénito de Judá, y le quitó la vida.
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Entonces Judá le dijo a Onán: «Cásate con la viuda de tu hermano y cumple con tu deber de cuñado; asà le darás descendencia a tu hermano».
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Pero Onán sabĂa que los hijos que nacieran no serĂan reconocidos como suyos. Por eso, cada vez que tenĂa relaciones con ella, derramaba el semen en el suelo, y asĂ evitaba que su hermano tuviera descendencia.
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Esta conducta ofendió mucho al SEÑOR, asà que también a él le quitó la vida.
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Entonces Judá le dijo a su nuera Tamar: «QuĂ©date como viuda en la casa de tu padre, hasta que mi hijo Selá tenga edad de casarse». Pero en realidad Judá pensaba que Selá podrĂa morirse, lo mismo que sus hermanos. AsĂ que Tamar se fue a vivir a la casa de su padre.
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Después de mucho tiempo, murió la esposa de Judá, la hija de Súa. Al concluir el tiempo de duelo, Judá fue al pueblo de Timnat para esquilar sus ovejas. Lo acompañó su amigo Hirá, el adulanita.
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Cuando Tamar se enterĂł de que su suegro se dirigĂa hacia Timnat para esquilar sus ovejas,
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se quitĂł el vestido de viuda, se cubriĂł con un velo para que nadie la reconociera, y se sentĂł a la entrada del pueblo de Enayin, que está en el camino a Timnat. Esto lo hizo porque se dio cuenta de que Selá ya tenĂa edad de casarse y aĂşn no se lo daban a ella por esposo.
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Cuando Judá la vio con el rostro cubierto, la tomó por una prostituta.
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No sabiendo que era su nuera, se acercó a la orilla del camino y le dijo:—Deja que me acueste contigo.—¿Qué me das si te digo que s� —le preguntó ella.
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—Te mandarĂ© uno de los cabritos de mi rebaño —respondiĂł Judá.—Está bien —respondiĂł ella—, pero dĂ©jame algo en garantĂa hasta que me lo mandes.
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—¿Qué prenda quieres que te deje? —preguntó Judá.—Dame tu sello y su cordón, y el bastón que llevas en la mano —respondió Tamar.Judá se los entregó, se acostó con ella y la dejó embarazada.
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Cuando ella se levantĂł, se fue inmediatamente de allĂ, se quitĂł el velo y volviĂł a ponerse la ropa de viuda.
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Más tarde, Judá enviĂł el cabrito por medio de su amigo adulanita, para recuperar las prendas que habĂa dejado con la mujer; pero su amigo no dio con ella.
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Entonces le preguntó a la gente del lugar:—¿Dónde está la prostituta de Enayin, la que se sentaba junto al camino?—Aquà nunca ha habido una prostituta asà —le contestaron.
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El amigo regresĂł adonde estaba Judá y le dijo:—No la pude encontrar. Además, la gente del lugar me informĂł que allĂ nunca habĂa estado una prostituta como esa.
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—Que se quede con las prendas —replicĂł Judá—; no es cuestiĂłn de que hagamos el ridĂculo. Pero que quede claro: yo le enviĂ© el cabrito, y tĂş no la encontraste.
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Como tres meses después, le informaron a Judá lo siguiente:—Tu nuera Tamar se ha prostituido, y como resultado de sus andanzas ha quedado embarazada.—¡Sáquenla y quémenla! —exclamó Judá.
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Pero cuando la estaban sacando, ella mandó este mensaje a su suegro: «El dueño de estas prendas fue quien me embarazó. A ver si reconoce usted de quién son este sello, el cordón del sello, y este bastón».
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Judá los reconociĂł y declarĂł: «Su conducta es más justa que la mĂa, pues yo no la di por esposa a mi hijo Selá». Y no volviĂł a acostarse con ella.
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Cuando llegĂł el tiempo de que Tamar diera a luz, resultĂł que tenĂa mellizos en su seno.
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En el momento de nacer, uno de los mellizos sacó la mano; la partera le ató un hilo rojo en la mano, y dijo: «Este salió primero».
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Pero en ese momento el niño metió la mano, y salió primero el otro. Entonces la partera dijo: «¡Cómo te abriste paso!» Por eso al niño lo llamaron Fares.
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Luego saliĂł su hermano, con el hilo rojo atado en la mano, y lo llamaron Zera.