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Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fuĂ© á los prĂncipes de los sacerdotes,
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Y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le señalaron treinta piezas de plata.
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Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.
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Y el primer dĂa de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discĂpulos á JesĂşs, diciĂ©ndole: ÂżDĂłnde quieres que aderecemos para ti para comer la pascua?
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Y Ă©l dijo: Id á la ciudad á cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa harĂ© la pascua con mis discĂpulos.
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Y los discĂpulos hicieron como JesĂşs les mandĂł, y aderezaron la pascua.
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Y como fuĂ© la tarde del dĂa, se sentĂł á la mesa con los doce.
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Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.
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Y entristecidos ellos en gran manera, comenzó cada uno de ellos á decirle: ¿Soy yo, Señor?
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Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me ha de entregar.
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A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido.
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Entonces respondiendo Judas, que le entregaba, dijo. ÂżSoy yo, Maestro? DĂcele: TĂş lo has dicho.
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Y comiendo ellos, tomĂł JesĂşs el pan, y bendijo, y lo partiĂł, y diĂł á sus discĂpulos, y dijo: Tomad, comed. esto es mi cuerpo.
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Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dió, diciendo: Bebed de él todos;
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Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisiĂłn de los pecados.
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Y os digo, que desde ahora no beberĂ© más de este fruto de la vid, hasta aquel dĂa, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.
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Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas.
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Entonces Jesús les dice: Todos vosotros seréis escandalizados en mà esta noche; porque escrito está: Heriré al Pastor, y las ovejas de la manada serán dispersas.
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Mas después que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galilea.
33
Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado.
34
Jesús le dice: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.
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DĂcele Pedro. Aunque me sea menester morir contigo, no te negarĂ©. Y todos los discĂpulos dijeron lo mismo.
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Entonces llegĂł JesĂşs con ellos á la aldea que se llama GethsemanĂ, y dice á sus discĂpulos: Sentaos aquĂ, hasta que vaya allĂ y ore.
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Y tomando á Pedro, y á los dos hijos de Zebedeo, comenzó á entristecerse y á angustiarse en gran manera.
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Entonces JesĂşs les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquĂ, y velad conmigo.
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Y yĂ©ndose un poco más adelante, se postrĂł sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mĂo, si es posible, pase de mĂ este vaso; empero no como yo quiero, sino como tĂş.
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Y vino á sus discĂpulos, y los hallĂł durmiendo, y dijo á Pedro: ÂżAsĂ no habĂ©is podido velar conmigo una hora?
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Velad y orad, para que no entrĂ©is en tentaciĂłn: el espĂritu á la verdad está presto, mas la carne enferma.
42
Otra vez fuĂ©, segunda vez, y orĂł diciendo. Padre mĂo, si no puede este vaso pasar de mĂ sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
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Y vino, y los hallĂł otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban agravados.
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Y dejándolos fuése de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras.
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Entonces vino á sus discĂpulos y dĂceles: Dormid ya, y descansad: he aquĂ ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.
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Levantaos, vamos: he aquĂ ha llegado el que me ha entregado.
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Y hablando aĂşn Ă©l, he aquĂ Judas, uno de los doce, vino, y con Ă©l mucha gente con espadas y con palos, de parte de los prĂncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo.
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Y el que le entregaba les habĂa dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquĂ©l es: prendedle.
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Y luego que llegó á Jesús, dijo: Salve, Maestro. Y le besó.
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Y Jesús le dijo: Amigo, ¿á qué vienes? Entonces llegaron, y echaron mano á Jesús, y le prendieron.
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Y he aquĂ, uno de los que estaban con JesĂşs, extendiendo la mano, sacĂł su espada, Ă© hiriendo á un siervo del pontĂfice, le quitĂł la oreja.
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Entonces Jesús le dice: Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que tomaren espada, á espada perecerán.
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ÂżAcaso piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y Ă©l me darĂa más de doce legiones de ángeles?
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ÂżCĂłmo, pues, se cumplirĂan las Escrituras, que asĂ conviene que sea hecho?
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En aquella hora dijo JesĂşs á las gentes: ÂżComo á ladrĂłn habĂ©is salido con espadas y con palos á prenderme? Cada dĂa me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.
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Mas todo esto se hace, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discĂpulos huyeron, dejándole.
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Y ellos, prendido JesĂşs, le llevaron á Caifás pontĂfice, donde los escribas y los ancianos estaban juntos.
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Mas Pedro le seguĂa de lejos hasta el patio del pontĂfice; y entrando dentro, estábase sentado con los criados, para ver el fin.
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Y los prĂncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el consejo, buscaban falso testimonio contra JesĂşs, para entregale á la muerte;
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Y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se llegaban; mas á la postre vinieron dos testigos falsos,
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Que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres dĂas reedificarlo.
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Y levantándose el pontĂfice, le dijo: ÂżNo respondes nada? ÂżquĂ© testifican Ă©stos contra ti?
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Mas JesĂşs callaba. Respondiendo el pontĂfice, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tĂş el Cristo, Hijo de Dios.
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Jesús le dijo: Tú lo has dicho: y aun os digo, que desde ahora habéis de ver al Hijo de los hombres sentado á la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo.
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Entonces el pontĂfice rasgĂł sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: ÂżquĂ© más necesidad tenemos de testigos? He aquĂ, ahora habĂ©is oĂdo su blasfemia.
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¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: Culpado es de muerte.
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Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de bofetadas; y otros le herĂan con mojicones,
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Diciendo: ProfetĂzanos tĂş, Cristo, quiĂ©n es el que te ha herido.
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Y Pedro estaba sentado fuera en el patio: y se llegó á él una criada, diciendo: Y tú con Jesús el Galileo estabas.
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Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.
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Y saliendo Ă©l á la puerta, le viĂł otra, y dijo á los que estaban allĂ: TambiĂ©n Ă©ste estaba con JesĂşs Nazareno.
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Y nego otra vez con juramento: No conozco al hombre.
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Y un poco despuĂ©s llegaron los que estaban por allĂ, y dijeron á Pedro: Verdaderamente tambiĂ©n tĂş eres de ellos, porque aun tu habla te hace manifiesto.
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Entonces comienzó á hacer imprecaciones, y á jurar, diciendo: No conozco al hombre. Y el gallo cantó luego.
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Y se acordó Pedro de las palabras de Jesús, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amargamente.