2 Samuel 1; 2 Samuel 2; 2 Samuel 3; 2 Samuel 4; 2 Samuel 5; 2 Samuel 6; 2 Samuel 7; 2 Samuel 8; 2 Samuel 9; 2 Samuel 10; 2 Samuel 11; 2 Samuel 12; 2 Samuel 13; 2 Samuel 14; 2 Samuel 15; 2 Samuel 16; 2 Samuel 17; 2 Samuel 18; 2 Samuel 19; 2 Samuel 20; 2 Samuel 21; 2 Samuel 22; 2 Samuel 23; 2 Samuel 24

1 Y aconteció después de la muerte de Saúl, que vuelto David de la derrota de los amalecitas, estuvo dos días en Siclag; 2 y al tercer día aconteció, que vino uno del campamento de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra sobre su cabeza; y llegando a David, se postró en tierra, y adoró. 3 Y le preguntó David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Heme escapado del campamento de Israel. 4 Y David le dijo: ¿Qué ha acontecido? Te ruego que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos; también Saúl y Jonatán su hijo murieron. 5 Y dijo David a aquel joven que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que Saúl es muerto, y Jonatán su hijo? 6 Y el joven que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que estaba recostado sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo. 7 Y cuando él miró atrás, me vio y me llamó; y yo dije: Heme aquí. 8 Y él me dijo: ¿Quién <I>eres</I> tú? Y yo le respondí: Soy amalecita. 9 Y él me volvió a decir: Yo te ruego que te pongas sobre mí, y me mates, porque me toman angustias, y aún toda mi alma <I>está</I> en mí. 10 Yo entonces me puse sobre él, y lo maté, porque sabía que no podía vivir después de su caída; y tomé la diadema que <I>tenía</I> en su cabeza, y la ajorca que <I>traía</I> en su brazo, y las he traído acá a mi señor. 11 Entonces David trabando de sus vestidos, los rompió; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él. 12 Y lloraron y lamentaron, y ayunaron hasta la tarde, por Saúl y por Jonatán su hijo, y por el pueblo del SEÑOR, y por la casa de Israel; porque habían caído a cuchillo. 13 Y David dijo a aquel joven que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, amalecita. 14 Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido del SEÑOR? 15 Entonces llamó David a uno de los jóvenes, y le dijo: Llega, y mátalo. Y él lo hirió, y murió. 16 Y David le dijo: Tu sangre <I>sea</I> sobre tu cabeza, pues que tu boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido del SEÑOR. 17 Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha. 18 (Dijo también que enseñasen el arco a los hijos de Judá. He aquí <I>así</I> está escrito en el libro del derecho): 19 ¡La gloria de Israel, muertos sobre tus collados! ¡Cómo han caído los valientes! 20 No lo denunciéis en Gat, no deis las nuevas en las plazas de Ascalón; para que no se alegren las hijas de los filisteos, para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos. 21 Montes de Gilboa, ni rocío ni lluvia <I>caiga</I> sobre vosotros, ni <I>seáis</I> tierras de ofrendas; porque allí fue desechado el escudo de los valientes, el escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite. 22 Sin sangre de muertos, sin grosura de valientes, la saeta de Jonatán nunca volvió atrás, ni la espada de Saúl se tornó vacía. 23 Saúl y Jonatán, amados y queridos en su vida, en su muerte tampoco fueron apartados. Más ligeros que águilas, más fuertes que leones. 24 Hijas de Israel, llorad sobre Saúl, que os vestía de escarlata en sus fiestas, que adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro. 25 ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonatán, muerto en tus alturas! 26 Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, que me fuiste muy dulce; más maravilloso me fue tu amor, que el amor de las mujeres. 27 ¡Cómo han caído los valientes, y perecieron las armas de guerra!
1 Después de esto aconteció que David consultó al SEÑOR, diciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Y el SEÑOR le respondió: Sube. Y David volvió a decir: ¿A dónde subiré? Y él le dijo: A Hebrón. 2 Y David subió allá, y con él sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita y Abigail, la <I>que fue</I> mujer de Nabal del Carmelo. 3 Y llevó también David consigo los varones que con él habían estado, cada uno con su familia; los cuales moraron en las ciudades de Hebrón. 4 Y vinieron los varones de Judá, y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá. Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad <I>son</I> los que sepultaron a Saúl. 5 Y envió David mensajeros a los de Jabes de Galaad, diciéndoles: Benditos <I>seáis</I> vosotros del SEÑOR, que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor Saúl en haberle dado sepultura. 6 Ahora pues, el SEÑOR haga con vosotros misericordia y verdad; y yo también os haré bien por esto que habéis hecho. 7 Esfuércense pues ahora vuestras manos, y sed valientes; pues que muerto Saúl vuestro señor, los de la casa de Judá me han ungido por rey sobre ellos. 8 Mas Abner hijo de Ner, general del ejército de Saúl, tomó a Is-boset hijo de Saúl, y lo hizo pasar al real. 9 Y lo alzó por rey sobre Galaad, y sobre Gesuri, y sobre Jezreel, y sobre Efraín, y sobre Benjamín, y sobre todo Israel. 10 De cuarenta años era Is-boset hijo de Saúl, cuando comenzó a reinar sobre Israel; y reinó dos años. Sólo la casa de Judá seguía a David. 11 Y fue el número de los días que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá, siete años y seis meses. 12 Y Abner hijo de Ner salió del real a Gabaón con los siervos de Is-boset hijo de Saúl. 13 Y Joab hijo de Sarvia, y los criados de David, salieron y los encontraron junto al estanque de Gabaón; y cuando se juntaron, se pararon los unos a un lado del estanque, y los otros al otro. 14 Y dijo Abner a Joab: Levántense ahora los jóvenes, y maniobren delante de nosotros. Y Joab respondió: Levántense. 15 Entonces se levantaron, y en número de doce, pasaron de Benjamín de la parte de Is-boset hijo de Saúl; y doce de los siervos de David. 16 Y cada uno echó mano de la cabeza de su compañero, y <I>le metió</I> su espada por el costado de su compañero, y cayeron a una; y fue llamado aquel lugar, Helcat-hazurim (<I>la heredad de los fuertes</I> ), el cual <I> está</I> en Gabaón. 17 Y hubo aquel día una batalla muy recia, donde Abner y los varones de Israel fueron vencidos de los siervos de David. 18 Y estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, y Abisai, y Asael. Este Asael era suelto de pies como un corzo del monte. 19 El cual Asael siguió a Abner, yendo tras de él sin apartarse a diestra ni a siniestra. 20 Y Abner miró atrás, y dijo: ¿No eres tú Asael? Y él respondió: Sí. 21 Entonces Abner le dijo: Apártate a la derecha o a la izquierda, y agárrate alguno de los jóvenes, y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso apartarse de en pos de él. 22 Y Abner volvió a decir a Asael: Apártate de en pos de mí, porque te heriré <I>derribándote</I> en tierra, y <I>después</I> ¿cómo levantaré mi rostro a tu hermano Joab? 23 Y no queriendo él irse, lo hirió Abner con el regatón de la lanza por la quinta <I>costilla</I> , y le salió la lanza por las espaldas, y cayó allí, y murió en aquel mismo sitio. Y todos los que venían por aquel lugar donde Asael había caído y estaba muerto, se paraban. 24 Mas Joab y Abisai siguieron a Abner; y se les puso el sol cuando llegaron al collado de Amma, que <I>está</I> delante de Gía, junto al camino del desierto de Gabaón. 25 Y se juntaron los hijos de Benjamín en un escuadrón con Abner, y se pararon en la cumbre del collado. 26 Y Abner dio voces a Joab, diciendo: ¿Consumirá el cuchillo perpetuamente? ¿No sabes tú que al cabo sigue amargura? ¿Hasta cuándo no has de decir al pueblo que se vuelvan de seguir a sus hermanos? 27 Y Joab respondió: Vive Dios que si no hubieras hablado, ya desde esta mañana el pueblo hubiera dejado de seguir a sus hermanos. 28 Entonces Joab tocó el cuerno, y todo el pueblo se detuvo, y no siguió más a los de Israel, ni peleó más. 29 Y Abner y los suyos caminaron por la campiña toda aquella noche, y pasando el Jordán cruzaron por todo Bet-horón, y llegaron al real. 30 Joab también volvió de seguir a Abner, y juntando todo el pueblo, faltaron de los siervos de David diecinueve hombres, y Asael. 31 Mas los siervos de David hirieron de los de Benjamín y de los de Abner, trescientos sesenta hombres, <I>que</I> murieron. Tomaron <I>luego</I> a Asael, y lo sepultaron en el sepulcro de su padre en Belén. 32 Y caminaron toda aquella noche Joab y los suyos, y les amaneció en Hebrón.
1 Y hubo larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; mas David se iba fortificando, y la casa de Saúl iba en disminución. 2 Y nacieron hijos a David en Hebrón; su primogénito fue Amón, de Ahinoam jezreelita; 3 su segundo Quileab, de Abigail la <I>que era</I> mujer de Nabal, el del Carmelo; el tercero, Absalón, hijo de Maaca, hija de Talmai rey de Gesur; 4 el cuarto, Adonías hijo de Haguit; el quinto, Sefatías hijo de Abital; 5 el sexto, Itream, de Egla mujer de David. Estos nacieron a David en Hebrón. 6 Y como había guerra entre la casa de Saúl y la de David, aconteció que Abner hijo de Ner se esforzaba por la casa de Saúl. 7 Y Saúl había tenido una concubina que se llamaba Rizpa, hija de Aja. Y dijo Is-boset a Abner: ¿Por qué has entrado a la concubina de mi padre? 8 Y se enojó Abner en gran manera por las palabras de Is-boset, y dijo: ¿Soy yo cabeza de perros respecto de Judá? Yo he hecho hoy misericordia con la casa de Saúl tu padre, con sus hermanos, y con sus amigos, y no te he entregado en las manos de David; ¿y tú me haces hoy cargo del pecado de <I>esta</I> mujer? 9 Así haga Dios a Abner y así le añada, si como ha jurado el SEÑOR a David no hiciere yo así con él, 10 trasladando el reino de la casa de Saúl, y confirmando el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Beerseba. 11 Y él no pudo responder palabra a Abner, porque le temía. 12 Y envió Abner mensajeros a David de su parte, diciendo: ¿Cúya es la tierra? Y que le dijesen: Haz alianza conmigo, y he aquí que mi mano será contigo para volver a ti a todo Israel. 13 Y <I>David</I> dijo: Bien; yo haré contigo alianza; mas una cosa te pido, y es que no me vengas a ver sin que primero traigas a Mical la hija de Saúl, cuando vinieres a verme. 14 Después de esto envió David mensajeros a Is-boset hijo de Saúl, diciendo: Restitúyeme a mi mujer Mical, la cual yo desposé conmigo por cien prepucios de filisteos. 15 Entonces Is-boset envió, y la quitó a su marido Paltiel, hijo de Lais. 16 Y su marido fue con ella, siguiéndola y llorando hasta Bahurim. Y le dijo Abner: Anda, vuélvete. Entonces él se volvió. 17 Y habló Abner con los ancianos de Israel, diciendo: Ayer y anteayer procurabais que David fuese rey sobre vosotros; 18 ahora, pues, hacedlo; porque el SEÑOR ha hablado a David, diciendo: Por la mano de mi siervo David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos, y de mano de todos sus enemigos. 19 Y habló también Abner a los de Benjamín; y fue también Abner a Hebrón a decir a David todo el parecer de los de Israel y de toda la casa de Benjamín. 20 Vino, pues, Abner a David en Hebrón, y con él veinte hombres; y David hizo banquete a Abner y a los que con él habían venido. 21 Y dijo Abner a David: Yo me levantaré e iré, y juntaré a mi señor el rey a todo Israel, para que hagan contigo alianza, y tú reines como deseas. David despidió <I>luego</I> a Abner, y él se fue en paz. 22 Y he aquí los siervos de David y Joab, que venían del campo, y traían consigo gran presa. Mas Abner <I>ya</I> no estaba con David en Hebrón, que ya lo había él despedido, y él se había ido en paz. 23 Y luego que llegó Joab y todo el ejército que con él estaba, fue dado aviso a Joab, diciendo: Abner hijo de Ner ha venido al rey, y él le ha despedido, y se fue en paz. 24 Entonces Joab vino al rey, y le dijo: ¿Qué has hecho? He aquí habíase venido Abner a ti; ¿por qué pues lo dejaste que se fuese? 25 ¿Sabes tú <I>que</I> Abner hijo de Ner ha venido para engañarte, y <I>a</I> saber tu salida y tu entrada, y por entender todo lo que tú haces? 26 Y saliéndose Joab de con David, envió mensajeros tras Abner, los cuales le hicieron volver desde el pozo de Sira, sin saberlo David. 27 Y cuando Abner volvió a Hebrón, lo apartó Joab al medio de la puerta, hablando con él blandamente, y allí le hirió por la quinta <I>costilla</I> , a causa de la muerte de Asael su hermano, y murió. 28 Cuando David supo después esto, dijo: Limpio estoy yo y mi reino, por el SEÑOR, para siempre, de la sangre de Abner hijo de Ner. 29 Caiga sobre la cabeza de Joab, y sobre toda la casa de su padre; que nunca falte de la casa de Joab <I>quien</I> padezca flujo, ni leproso, ni quien ande con báculo, ni quien muera a cuchillo, ni quien tenga falta de pan. 30 Joab, pues, y Abisai su hermano mataron a Abner, porque él había muerto a Asael, hermano de ellos en la batalla de Gabaón. 31 Entonces dijo David a Joab, y a todo el pueblo que con él <I>estaba</I> : Romped vuestros vestidos, y ceñíos de cilicio, y haced duelo delante de Abner. Y el rey iba detrás del féretro. 32 Y sepultaron a Abner en Hebrón; y alzando el rey su voz, lloró junto al sepulcro de Abner; y lloró también todo el pueblo. 33 Y endechando el rey al mismo Abner, decía: ¡Murió Abner como muere un loco! 34 Tus manos no <I>estaban</I> atadas, ni tus pies ligados con grillos. Caíste como los que caen delante de malos hombres. Y todo el pueblo volvió a llorar sobre él. 35 Y como todo el pueblo viniese a dar de comer pan a David siendo aún de día, David juró, diciendo: Así me haga Dios y así me añada, si antes que se ponga el sol gustare yo pan, o cualquier otra cosa. 36 Así entendió todo el pueblo, y agradó a sus ojos; porque todo lo que el rey hacía parecía bien en ojos de todo el pueblo. 37 Y todo el pueblo y aun todo Israel entendieron aquel día, que no había venido del rey que Abner hijo de Ner muriese. 38 Entonces el rey dijo a sus siervos: ¿No sabéis que ha caído hoy en Israel un príncipe, y grande? 39 Que yo ahora aún soy tierno rey ungido; y estos hombres, los hijos de Sarvia, muy duros me son; el SEÑOR dé el pago al que mal hace, conforme a su malicia.
1 Luego que oyó el hijo de Saúl que Abner había sido muerto en Hebrón, las manos se le descoyuntaron, y fue atemorizado todo Israel. 2 Y tenía el hijo de Saúl dos varones, los cuales eran capitanes de compañía, el nombre de uno era Baana, y el del otro Recab, hijos de Rimón beerotita, de los hijos de Benjamín (porque Beerot era contada con Benjamín; 3 estos beerotitas se habían huido a Gitaim, y habían sido peregrinos allí hasta entonces.) 4 Y Jonatán, hijo de Saúl, tenía un hijo lisiado de los pies de edad de cinco años, que cuando la noticia <I>de la muerte</I> de Saúl y de Jonatán vino de Jezreel, le tomó su ama y huyó; y como iba huyendo de prisa, cayó <I> el niño</I> y quedó cojo. Su nombre era Mefi-boset. 5 Los hijos, <I>pues</I> , de Rimón beerotita, Recab y Baana, fueron y entraron en el mayor calor del día en casa de Is-boset, el cual estaba durmiendo en su cámara la siesta. 6 <I>Entonces</I> entraron ellos en medio de la casa <I>en hábito de</I> mercaderes de grano, y le hirieron en la quinta <I>costilla</I> , y se escaparon Recab y Baana su hermano. 7 Los cuales como entraron en <I>la</I> casa, estando él en su cama en su cámara de dormir, lo hirieron y mataron, y le cortaron la cabeza. Y tomando la cabeza caminaron toda la noche por el camino de la campiña. 8 Y trajeron la cabeza de Is-boset a David en Hebrón, y dijeron al rey: He aquí la cabeza de Is-boset hijo de Saúl tu enemigo, que procuraba matarte; y el SEÑOR ha vengado hoy a mi señor el rey, de Saúl y de su simiente. 9 Y David respondió a Recab y a su hermano Baana, hijos de Rimón Beerotita, y les dijo: Vive el SEÑOR que ha redimido mi alma de toda angustia, 10 que cuando uno me dio nuevas, diciendo: He aquí Saúl es muerto imaginándose que traía buenas nuevas, yo lo prendí, y le maté en Siclag en pago de la nueva. 11 ¿Cuánto más a los malos hombres que mataron a un hombre justo en su casa, y sobre su cama? Ahora pues, ¿no tengo yo de demandar su sangre de vuestras manos, y quitaros de la tierra? 12 Entonces David mandó a los jóvenes, y ellos los mataron, y les cortaron las manos y los pies, y los colgaron sobre el estanque, en Hebrón. <I>Luego</I> tomaron la cabeza de Is-boset, y la enterraron en el sepulcro de Abner en Hebrón.
1 Y vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón, y hablaron, diciendo: He aquí nosotros <I>somos</I> tus huesos y tú carne. 2 Y aun ayer y anteayer, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, tú sacabas y volvías a Israel. Además el SEÑOR te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás sobre Israel príncipe. 3 Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo con ellos alianza en Hebrón delante del SEÑOR; y ungieron a David por rey sobre Israel. 4 Era David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años. 5 En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses; y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre todo Israel y Judá. 6 Entonces el rey y los suyos fueron a Jerusalén al jebuseo que habitaba en la tierra; el cual habló a David, diciendo: Tú no entrarás acá, si no echares los ciegos y los cojos; pensando: No entrará acá David. 7 Pero David tomó la fortaleza de Sion, la cual es la ciudad de David. 8 Y dijo David aquel día: ¿Quién llegará hasta los canales, y herirá al jebuseo, y a los cojos y ciegos, a los cuales el alma de David aborrece? Por esto se dijo: Ciego ni cojo no entrará en casa. 9 Y David moró en la fortaleza y le puso por nombre la Ciudad de David; y edificó alrededor, desde Millo para adentro. 10 Y David iba creciendo y aumentándose, y el SEÑOR Dios de los ejércitos era con él. 11 E Hiram rey de Tiro envió también embajadores a David, y madera de cedro, y carpinteros, y canteros para los muros, los cuales edificaron la casa de David. 12 Y entendió David que el SEÑOR le había confirmado por rey sobre Israel, y que había ensalzado su reino por amor de su pueblo Israel. 13 Y tomó David más concubinas y mujeres de Jerusalén después que vino de Hebrón, y le nacieron más hijos e hijas. 14 Estos <I>son</I> los nombres de los que le nacieron en Jerusalén: Samúa, y Sobab, y Natán, y Salomón, 15 e Ibhar, y Elisúa, y Nefeg, 16 y Jafía, y Elisama, y Eliada, y Elifelet. 17 Y oyendo los filisteos que habían ungido a David por rey sobre Israel, todos los filisteos subieron a buscar a David; lo cual cuando David <I>lo</I> oyó, vino a la fortaleza. 18 Y vinieron los filisteos, y se extendieron por el valle de Rafaim (<I>de los gigantes</I> ). 19 <I>Entonces</I> consultó David al SEÑOR, diciendo: ¿Iré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mis manos? Y el SEÑOR respondió a David: Ve, porque ciertamente entregaré los filisteos en tus manos. 20 Y vino David a Baal-perazim, y allí los venció David, y dijo: Rompió el SEÑOR mis enemigos delante de mí, como quien rompe aguas. Y por esto llamó el nombre de aquel lugar Baal-perazim (<I>el llano de las divisiones o de las roturas</I> ). 21 Y dejaron allí sus ídolos, los cuales quemó David y los suyos. 22 Y los filisteos volvieron a venir, y se extendieron en el valle de Rafaim. 23 Y consultando David al SEÑOR, él le respondió: No subas; sino rodéalos, y vendrás a ellos por delante de los morales; 24 y cuando oyeres <I>un</I> estruendo que irá por las copas de los morales, entonces te moverás; porque el SEÑOR saldrá delante de ti a herir el campamento de los filisteos. 25 Y David lo hizo así, como el SEÑOR se lo había mandado; e hirió a los filisteos desde Gabaa hasta llegar a Gaza.
1 Y David volvió a juntar todos los escogidos de Israel, treinta mil. 2 Y se levantó David, y fue con todo el pueblo que <I>tenía</I> consigo, de Baala de Judá, para hacer pasar de allí el arca de Dios, sobre la cual era invocado el nombre del SEÑOR de los ejércitos, que mora en ella entre los querubines. 3 Y pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo, y la llevaron de la casa de Abinadab, que <I>estaba</I> en Gabaa; y Uza y Ahío, hijos de Abinadab, guiaban el carro nuevo. 4 Y cuando lo llevaban de la casa de Abinadab que estaba en Gabaa, con el arca de Dios, Ahío iba delante del arca. 5 Y David y toda la casa de Israel danzaban delante del SEÑOR con toda suerte de <I>instrumentos de</I> madera de haya; con arpas, salterios, adufes, flautas y címbalos. 6 Y cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió <I>la mano</I> al arca de Dios, y la tuvo; porque los bueyes daban sacudidas. 7 Y el furor del SEÑOR se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios. 8 Y se entristeció David por haber herido el SEÑOR a Uza; y fue llamado aquel lugar Pérez-uza (<I>rotura de Uza</I> ), hasta hoy. 9 Y temiendo David al SEÑOR aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca del SEÑOR? 10 No quiso, pues, David traer a sí el arca del SEÑOR a la ciudad de David; mas la llevó David a casa de Obed-edom geteo. 11 Y estuvo el arca del SEÑOR en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo el SEÑOR a Obed-edom y a toda su casa. 12 Y fue dado aviso al rey David, diciendo: El SEÑOR ha bendecido la casa de Obed-edom, y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y trajo el arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David con fiestas. 13 Y cuando los que llevaban el arca de Dios habían andado seis pasos, sacrificaban un buey y <I>un carnero</I> grueso. 14 Y David saltaba con toda su fuerza delante del SEÑOR; y tenía vestido David un efod de lino. 15 Así David y toda la casa de Israel llevaban el arca del SEÑOR con júbilo y sonido de trompeta. 16 Y cuando el arca del SEÑOR llegó a la ciudad de David, aconteció que Mical hija de Saúl estaba <I>mirando</I> desde una ventana, y vio al rey David que saltaba y bailaba con toda su fuerza delante del SEÑOR; y le menospreció en su corazón. 17 Metieron, pues, el arca del SEÑOR, y la pusieron en su lugar en medio de una tienda que David le había tendido; y sacrificó David holocaustos y pacíficos delante del SEÑOR. 18 Y cuando David hubo acabado de ofrecer los holocaustos y pacíficos, bendijo al pueblo en el nombre del SEÑOR de los ejércitos. 19 Y repartió a todo el pueblo, y a toda la multitud de Israel, así a hombres como <I>a</I> mujeres, a cada uno una torta de pan, y un pedazo de carne, y un frasco <I>de vino</I> . Y se fue todo el pueblo, cada uno a su casa. 20 Volvió <I>luego</I> David para bendecir su casa; y saliendo Mical a recibir a David, dijo: ¡Cuán honrado ha sido hoy el rey de Israel, desenvolviéndose hoy delante de las criadas de sus siervos, como si fuese un <I> hombre</I> vacío! 21 Entonces David respondió a Mical: Delante del SEÑOR, que me eligió por encima de tu padre y de toda su casa, mandándome que fuese príncipe sobre el pueblo del SEÑOR, sobre Israel, danzaré delante del SEÑOR. 22 Y <I>aún</I> me haré más vil que esta vez, y seré bajo a mis propios ojos; y delante de las criadas que dijiste, delante de ellas seré honrado. 23 Y Mical hija de Saúl nunca tuvo hijos hasta el día de su muerte.
1 Y aconteció que, estando ya el rey asentado en su casa, <I>después</I> que el SEÑOR le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor, 2 dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo moro en casas de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas. 3 Y Natán dijo al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, que el SEÑOR <I>es</I> contigo. 4 Y aconteció aquella noche, que vino palabra del SEÑOR a Natán, diciendo: 5 Ve y di a mi siervo David: Así dijo el SEÑOR: ¿Tú me has de edificar casa en que <I>yo</I> more? 6 Ciertamente no he habitado en casas desde el día que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que anduve en tienda y en tabernáculo. 7 Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado palabra en alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado que apaciente mi pueblo de Israel, para decir: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedros? 8 Ahora pues, dirás así a mi siervo David: Así dijo el SEÑOR de los ejércitos: Yo te tomé de la majada, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; 9 y he sido contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he talado todos tus enemigos, y te he hecho nombre grande, como el nombre de los grandes que <I>son</I> en la tierra. 10 <I>Además</I> yo pondré lugar a mi pueblo Israel, y <I>yo</I> lo plantaré, <I>para</I> que habite en su lugar, y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como antes, 11 desde el día que puse jueces sobre mi pueblo Israel. Y yo te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo el SEÑOR te hace saber, que él te quiere hacer casa a ti. 12 Y cuando tus días fueren cumplidos, y durmieres con tus padres, yo afirmaré tu simiente después de ti, la cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. 13 El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. 14 Yo le seré a el padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; 15 pero mi misericordia no se apartará de él, como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. 16 Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro; y tu trono será firme eternalmente. 17 Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David. 18 Y entró el rey David, y se sentó delante del SEÑOR, y dijo: Señor DIOS, ¿Quién <I>soy</I> yo, y qué es mi casa, para que tú me traigas hasta aquí? 19 Y aun te ha parecido poco esto, Señor DIOS, sino que hablas también de la casa de tu siervo en lo por venir, y que sea esta la condición de un hombre, Señor DIOS. 20 ¿Y qué más puede añadir David hablando contigo? Tú pues conoces tu siervo, Señor DIOS. 21 Todas estas grandezas has obrado por tu palabra y conforme a tu corazón, haciéndolas saber a tu siervo. 22 Por tanto tú te has engrandecido, SEÑOR Dios; por cuanto no <I>hay otro</I> como tú, ni <I>hay</I> Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos. 23 ¿Y quién como tu pueblo, como Israel, en la tierra? Una gente por <I>amor de</I> la cual Dios fuese a redimírsela por pueblo, y le pusiese nombre, e hiciese con vosotros, grandes y espantosas obras en tu tierra, por causa de tu pueblo que tú te redimiste de Egipto, de los gentiles y de sus dioses. 24 Porque tú te has confirmado a tu pueblo Israel <I>por</I> pueblo tuyo para siempre; y tú, oh SEÑOR, fuiste a ellos por Dios. 25 Ahora pues, SEÑOR Dios, la palabra que has hablado sobre tu siervo y sobre su casa, despiértala eternalmente, y haz conforme a lo que has dicho. 26 Porque <I>así</I> será engrandecido tu nombre para siempre, para que se diga: El SEÑOR de los ejércitos <I>es</I> Dios sobre Israel; y que la casa de tu siervo David sea firme delante de ti. 27 Porque tú, SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado <I>en</I> su corazón para orar delante de ti esta oración. 28 Ahora pues, SEÑOR Dios, tú <I>eres</I> Dios, y tus palabras serán firmes; pues has dicho a tu siervo este bien. 29 Ahora pues, quiere, y bendice a la casa de tu siervo, para que perpetuamente permanezca delante de ti; pues que tú, el SEÑOR Dios, <I>lo</I> has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.
1 Después de esto aconteció, que David hirió a los filisteos, y los humilló; y tomó David a Meteg-ama de mano de los filisteos. 2 Hirió también a los de Moab, y los midió con cordel, haciéndolos echar por tierra; y los midió en dos cordeles, <I>el uno</I> para muerte, y <I>otro</I> cordel entero para vida; y fueron los moabitas siervos llevando presente. 3 Asimismo hirió David a Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba, yendo él a extender su término hasta el río Eufrates. 4 Y tomó David de ellos mil setecientos de <I>a</I> caballo, y veinte mil hombres de <I>a</I> pie; y desjarretó David <I>los caballos</I> de todos los carros, excepto cien carros de ellos que dejó. 5 Y vinieron los sirios de Damasco a dar ayuda a Hadad-ezer rey de Soba; y David hirió de los Sirios veintidós mil hombres. 6 Puso <I>luego</I> David guarnición en Siria, la de Damasco, y fueron los Sirios siervos de David llevando presente. Y el SEÑOR guardó a David donde quiera que fue. 7 Y tomó David los escudos de oro que traían los siervos de Hadad-ezer, y los llevó a Jerusalén. 8 Asimismo de Beta y de Beerot, ciudades de Hadad-ezer, tomó el rey David gran cantidad de bronce. 9 Entonces oyendo Toi, rey de Hamat, que David había herido todo el ejército de Hadad-ezer, 10 envió Toi a Joram su hijo al rey David, a saludarle pacíficamente y a bendecirle, porque había peleado con Hadad-ezer y lo había vencido; porque Toi <I>era</I> enemigo de Hadad-ezer. Y <I>Joram</I> llevaba en su mano vasos de plata, y vasos de oro, y de bronce; 11 los cuales el rey David dedicó al SEÑOR, con el oro y <I>la</I> plata que tenía dedicado de todas las naciones que había sometido; 12 de los sirios, de los moabitas, de los ammonitas, de los filisteos, de los amalecitas, y del despojo de Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba. 13 Y ganó David fama cuando, volviendo de la derrota de los Sirios, <I>hirió</I> dieciocho mil <I>hombres</I> en el valle de la sal. 14 Asimismo puso David guarnición en Edom, por toda Edom puso guarnición; y todos los idumeos fueron siervos de David. Y el SEÑOR guardó a David por donde quiera que fue. 15 Y reinó David sobre todo Israel; y hacía David derecho y justicia a todo su pueblo. 16 Y Joab hijo de Sarvia <I>era general</I> de su ejército; y Josafat hijo de Ahilud, canciller; 17 y Sadoc hijo de Ahitob, y Ahimelec hijo de Abiatar, eran sacerdotes; y Seraías era escriba; 18 y Benaía hijo de Joiada, era sobre los cereteos y peleteos; y los hijos de David eran los príncipes.
1 Y dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga <I>yo</I> misericordia por causa de Jonatán? 2 Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual cuando <I>lo</I> llamaron que viniese a David, el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo. 3 Y el rey dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga <I>yo</I> misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aun ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies. 4 Entonces el rey le dijo: ¿Y ése dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, <I>está</I> en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar. 5 Y envió el rey David, y lo tomó de casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar. 6 Y venido Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, se postró sobre su rostro, y adoró. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo. 7 Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te haré volver todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás pan a mi mesa perpetuamente. 8 Y él inclinándose, dijo: ¿Quién <I>es</I> tu siervo, para que mires a un perro muerto como soy <I>yo</I> ? 9 Entonces el rey llamó a Siba, siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor. 10 Tú pues le labrarás las tierras, tú con tus hijos, y tus siervos, y encerrarás <I>los frutos</I> , para que el hijo de tu señor tenga pan qué mantenerse; y Mefi-boset el hijo de tu señor comerá pan perpetuamente a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos. 11 Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefi-boset, <I>dijo el rey</I> , comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey. 12 Y tenía Mefi-boset un hijo pequeño, que se llamaba Micaía. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mefi-boset. 13 Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía perpetuamente a la mesa del rey; y era cojo de ambos pies.
1 Después de esto aconteció, que murió el rey de los hijos de Amón; y reinó en lugar suyo Hanún su hijo. 2 Y dijo David: Yo haré misericordia con Hanún hijo de Nahas, como su padre la hizo conmigo. Y envió David sus siervos a consolarlo por su padre. Mas llegados los siervos de David a la tierra de los hijos de Amón, 3 los príncipes de los hijos de Amón dijeron a Hanún su señor: ¿Te parece que por honrar David a tu padre te ha enviado consoladores? ¿No ha enviado David sus siervos a ti por reconocer e inspeccionar la ciudad, para destruirla? 4 Entonces Hanún tomó los siervos de David, y les rapó la mitad de la barba, y les cortó los vestidos por la mitad hasta las nalgas, y los despachó. 5 Lo cual cuando fue hecho saber a David, envió a encontrarles, porque ellos estaban en extremo avergonzados; y el rey <I>mandó</I> decirles: Estaos en Jericó hasta que os vuelva a nacer la barba, y entonces regresaréis. 6 Y viendo los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, enviaron los hijos de Amón y tomaron a sueldo a los Sirios de la casa de Rehob, y a los Sirios de Soba, veinte mil hombres de <I>a</I> pie; y del rey de Maaca mil hombres, y de Is-tob doce mil hombres. 7 Lo cual cuando oyó David, envió a Joab con todo el ejército de los valientes. 8 Y saliendo los hijos de Amón, ordenaron sus escuadrones a la entrada de la puerta; mas los Sirios de Soba, y de Rehob, y de Is-tob, y de Maaca, <I>ordenaron</I> de por sí en el campo. 9 Viendo, pues, Joab que había escuadrones delante y detrás de él, entresacó de todos los escogidos de Israel, y se puso en orden contra los Sirios. 10 Entregó <I>luego</I> lo que quedó del pueblo en mano de Abisai su hermano, y lo puso en orden para encontrar a los amonitas. 11 Y dijo: Si los Sirios me fueren superiores, tú me ayudarás; y si los hijos de Amón pudieren más que tú, yo te daré ayuda. 12 Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga el SEÑOR lo que bien le pareciere. 13 Y se acercó Joab, y el pueblo que <I>estaba</I> con él, para pelear con los Sirios; mas ellos huyeron delante de él. 14 Entonces los hijos de Amón, viendo que los Sirios habían huido, huyeron también ellos delante de Abisai, y se entraron en la ciudad. Y volvió Joab de los hijos de Amón, y se vino a Jerusalén. 15 Mas viendo los Sirios que habían caído delante de Israel, se volvieron a juntar. 16 Y envió Hadad-ezer, y sacó los Sirios que <I>estaban</I> al otro lado del río, los cuales vinieron a Helam, llevando por capitán a Sobac general del ejército de Hadad-ezer. 17 Y fue dado aviso a David, y juntó a todo Israel, y pasando el Jordán vino a Helam; y los Sirios se pusieron en orden contra David, y pelearon con él. 18 Mas los Sirios huyeron delante de Israel; e hirió David de los Sirios setecientos carros, y cuarenta mil hombres de <I>a</I> caballo; hirió también a Sobac general del ejército, y murió allí. 19 Viendo, pues, todos los reyes siervos de Hadad-ezer que habían caído delante de Israel, hicieron paz con Israel, y les sirvieron; y de allí adelante temieron los Sirios de socorrer a los hijos de Amón.
1 Y aconteció a la vuelta de un año, en el tiempo que salen los reyes <I>a la guerra</I> , que David envió a Joab, y a sus siervos con él, y a todo Israel; y destruyeron a los amonitas, y pusieron cerco a Rabá; mas David se quedó en Jerusalén. 2 Y acaeció que levantándose David de su cama a la hora de la tarde, se paseaba por el terrado de la casa real, cuando vio desde el terrado una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. 3 Y envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo. 4 Y envió David mensajeros, y la tomó; y así que hubo entrado a él, él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa. 5 Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Yo <I>estoy</I> embarazada. 6 Entonces David envió a decir a Joab: Envíame a Urías heteo. Y Joab envió Urías a David. 7 Y cuando Urías vino a él, David le preguntó por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y asimismo de la guerra. 8 Después dijo David a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies. Y saliendo Urías de casa del rey, le fue enviada comida real. 9 Mas Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa. 10 E hicieron saber esto a David, diciendo: Urías no ha descendido a su casa. Y dijo David a Urías: ¿No has venido de camino? ¿Por qué, pues, no descendiste a tu casa? 11 Y Urías respondió a David: El arca, e Israel y Judá, están debajo de tiendas; y mi señor Joab, y los siervos de mi señor sobre la faz del campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa. 12 Y David dijo a Urías: Estáte aquí aún hoy, y mañana te despacharé. Y se quedó Urías en Jerusalén aquel día y el siguiente. 13 Y David lo convidó, y le hizo comer y beber delante de sí, hasta embriagarlo. Y él salió a la tarde a dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no descendió a su casa. 14 Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Urías. 15 Y escribió en la carta, diciendo: Poned a Urías delante de la fuerza de la batalla, y desamparadle, para que sea herido y muera. 16 Y aconteció, que cuando Joab cercó la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes. 17 Y saliendo luego los de la ciudad, pelearon con Joab, y cayeron <I>algunos</I> del pueblo de los siervos de David; y murió también Urías heteo. 18 <I>Entonces</I> envió Joab, e hizo saber a David todos los negocios de la guerra. 19 Y mandó al mensajero, diciendo: Cuando acabares de contar al rey todos los negocios de la guerra, 20 si el rey comenzare a enojarse, y te dijere: ¿Por qué os acercasteis a la ciudad peleando? ¿No sabíais lo que suelen arrojar del muro? 21 ¿Quién hirió a Abimelec hijo de Jerobaal? ¿No echó una mujer del muro un pedazo de una rueda de molino, y murió en Tebes? ¿Por qué os llegasteis al muro? Entonces tú le dirás: También tu siervo Urías heteo es muerto. 22 Y fue el mensajero, y llegando, contó a David todas las cosas a que Joab le había enviado. 23 Y dijo el mensajero a David: Prevalecieron contra nosotros los varones, que salieron a nosotros al campo, bien que nosotros les hicimos retroceder hasta la entrada de la puerta. 24 Y los flecheros tiraron contra tus siervos desde el muro, y murieron <I>algunos</I> de los siervos del rey; y murió también tu siervo Urías heteo. 25 Y David dijo al mensajero: Dirás así a Joab: No tengas pesar de esto, que de igual y semejante manera suele consumir el cuchillo; esfuerza la batalla contra la ciudad, hasta que la derribes. Y tú aliéntale. 26 Y oyendo la mujer de Urías que su marido Urías era muerto, hizo luto por su marido. 27 Y pasado el luto, envió David y la recogió a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable a los ojos del SEÑOR.
1 Y envió el SEÑOR a Natán a David, el cual viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. 2 El rico tenía numerosas ovejas y vacas; 3 mas el pobre no tenía más que una sola cordera, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado, y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. 4 Y vino uno de camino al hombre rico; y él no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar al caminante que le había venido, sino <I>que</I> tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la aderezó para el varón que le había venido. 5 Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive el SEÑOR, que el que tal hizo es digno de muerte; 6 y que él pagará la cordera con cuatro tantos, porque hizo esta tal cosa, y no tuvo misericordia. 7 Entonces dijo Natán a David: Tú <I>eres</I> aquel varón. Así dijo el SEÑOR, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl; 8 yo te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además de esto te di la casa de Israel y de Judá. Y si <I>esto es</I> poco, yo te añadiré tales y tales cosas. 9 ¿Por qué pues tuviste en poco la palabra del SEÑOR, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a cuchillo, y tomaste por tu mujer a su mujer, y a él mataste con el cuchillo de los hijos de Amón. 10 Por lo cual ahora no se apartará cuchillo de tu casa perpetuamente; por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. 11 Así dijo el SEÑOR: He aquí yo despertaré sobre ti mal de tu <I>misma</I> casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista de este sol. 12 Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel, y delante del sol. 13 Entonces dijo David a Natán: Pequé contra el SEÑOR. Y Natán dijo a David: También el SEÑOR ha remitido tu pecado; no morirás. 14 Mas por cuanto con este negocio hiciste blasfemar a los enemigos del SEÑOR, el hijo que te ha nacido morirá ciertamente. 15 Y Natán se volvió a su casa. Y el SEÑOR hirió al niño que la mujer de Urías había dado a luz a David, y enfermó gravemente. 16 <I>Entonces</I> rogó David a Dios por el niño; y ayunó David, y vino, y pasó la noche acostado en tierra. 17 Y levantándose los ancianos de su casa fueron a él para hacerlo levantar de tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan. 18 Y al séptimo día murió el niño; pero sus siervos no osaban hacerle saber que el niño era muerto, diciendo <I>entre sí</I> : Cuando el niño aun vivía, le hablábamos, y no quería oír nuestra voz; ¿pues cuánto más mal le hará, si le dijéremos <I>que</I> el niño es muerto? 19 Mas David viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño era muerto; <I>por lo que</I> dijo David a sus siervos: ¿Es muerto el niño? Y ellos respondieron: Muerto es. 20 Entonces David se levantó de tierra, y se lavó y se ungió, y mudó sus ropas, y entró a la Casa del SEÑOR, y adoró. Y después vino a su casa, y demandó, y le pusieron pan, y comió. 21 Y le dijeron sus siervos: ¿Qué <I>es</I> esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y él muerto, <I>te</I> levantaste y comiste pan. 22 Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, <I>por manera</I> que viva el niño? 23 Mas ahora que ya es muerto, ¿para qué tengo de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí. 24 Y consoló David a Betsabé su mujer, y entrando a ella, durmió con ella; y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Salomón (<I>pacífico</I> ), al cual amó el SEÑOR; 25 que envió por mano de Natán profeta, y llamó su nombre Jedidías (<I>amable al SEÑOR</I> ), por el SEÑOR. 26 Y Joab peleaba contra Rabá de los hijos de Amón, y tomó la ciudad real. 27 <I>Entonces</I> envió Joab mensajeros a David, diciendo: Yo he peleado contra Rabá, y he tomado la ciudad de las aguas. 28 Junta pues ahora el pueblo que queda, y asienta campamento contra la ciudad, y tómala; para que tomando yo la ciudad, no se llame de mi nombre. 29 Y juntando David todo el pueblo fue contra Rabá, y la combatió, y la tomó. 30 Y tomó la corona de su rey de su cabeza, la cual pesaba un talento de oro, y <I>tenía</I> piedras preciosas; y fue <I>puesta</I> sobre la cabeza de David. Y trajo muy grande despojo de la ciudad. 31 Y sacó el pueblo que <I>estaba</I> en ella, y lo puso debajo de sierras, y de trillos de hierro, y de hachas de hierro; y los hizo pasar por hornos de ladrillos; y lo mismo hizo a todas las ciudades de los hijos de Amón. Se volvió luego David con todo el pueblo a Jerusalén.
1 Aconteció después de esto, que teniendo Absalón hijo de David una hermana hermosa que se llamaba Tamar, se enamoró de ella Amnón hijo de David. 2 Y estaba Amnón angustiado hasta enfermar, por Tamar su hermana; porque por ser ella virgen, parecía a Amnón que sería cosa dificultosa hacerle algo. 3 Y Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab, hijo de Simea, hermano de David; y era Jonadab hombre muy astuto. 4 Y éste le dijo: Hijo del rey, ¿por qué de día en día vas así enflaqueciendo? ¿No me lo descubrirás a mí? Y Amnón le respondió: Yo amo a Tamar la hermana de Absalón mi hermano. 5 Y Jonadab le dijo: Acuéstate en tu cama, y finge que estás enfermo; y cuando tu padre viniere a visitarte, dile: Te ruego que venga mi hermana Tamar, para que me conforte con <I> alguna</I> comida, y aderece delante de mí alguna vianda, para que viendo yo, la coma de su mano. 6 Se acostó, pues, Amnón, y fingió que estaba enfermo, y vino el rey a visitarle; y dijo Amnón al rey: Yo te ruego que venga mi hermana Tamar, y haga delante de mí dos hojuelas, que coma <I>yo</I> de su mano. 7 Y David envió a Tamar a su casa, diciendo: Ve ahora a casa de Amnón tu hermano, y hazle de comer. 8 Entonces fue Tamar a casa de su hermano Amnón, el cual estaba acostado; y tomó harina, y amasó e hizo hojuelas delante de él, y las aderezó. 9 Tomó <I>luego</I> la sartén, y las sacó delante de él; mas él no quiso comer. Y dijo Amnón: Echad fuera de aquí a todos. Y todos se salieron de allí. 10 Entonces Amnón dijo a Tamar: Trae la comida a la alcoba, para que <I>yo</I> coma de tu mano. Y tomando Tamar las hojuelas que había aderezado, las llevó a su hermano Amnón a la alcoba. 11 Y cuando ella se las puso delante para que comiese, él trabó de ella, diciéndole: Ven, hermana mía acuéstate conmigo. 12 Ella entonces le respondió: No, hermano mío, no me hagas fuerza; porque no se hace así en Israel. No hagas tal locura. 13 Porque, ¿dónde iría yo con mi deshonra? Y aun tú serías <I>estimado</I> como uno de los locos de Israel. Te ruego, pues, ahora que hables al rey, que no me negará a ti. 14 Mas él no la quiso oír; antes pudiendo más que ella la forzó, y se echó con ella. 15 La aborreció <I>luego</I> Amnón de tan grande aborrecimiento, que el odio con que la aborreció <I>después</I> fue mayor que el amor con que la había amado. Y le dijo Amnón: Levántate y vete. 16 Y ella le respondió: No <I>es</I> razón; mayor mal es éste de echarme, que el que me has hecho. Mas él no la quiso oír; 17 antes llamando <I>a</I> su criado que le servía le dijo: Echame ésta allá fuera, y tras ella cierra la puerta. 18 (Y tenía ella sobre sí una ropa de colores, traje que las hijas vírgenes de los reyes vestían.) Y su criado la echó pues fuera, y cerró la puerta tras ella. 19 <I>Entonces</I> Tamar tomó ceniza, y la esparció sobre su cabeza, y rasgó su ropa de colores de que estaba vestida, y puestas sus manos sobre su cabeza, se fue gritando. 20 Y le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano es; no pongas tu corazón en este negocio. Y se quedó Tamar desconsolada en casa de Absalón su hermano. 21 Y <I>luego</I> que el rey David oyó todo esto, fue muy enojado. 22 Mas Absalón no habló con Amnón ni malo ni bueno, bien que Absalón aborrecía a Amnón, porque había forzado a Tamar su hermana. 23 Y aconteció pasados dos años, que Absalón tenía esquiladores en Bala-hazor, que <I>está</I> junto a Efraín; y convidó Absalón a todos los hijos del rey. 24 Y vino Absalón al rey, y le dijo: He aquí, tu siervo tiene ahora esquiladores; yo ruego que venga el rey y sus siervos con tu siervo. 25 Y respondió el rey a Absalón: No, hijo mío, no vamos todos, para que no te hagamos costa. Y <I>aunque</I> porfió con él, no quiso ir, mas lo bendijo. 26 Entonces dijo Absalón: Si no, te ruego que venga con nosotros Amnón mi hermano. Y el rey le respondió: ¿Para qué ha de ir contigo? 27 Y como Absalón lo importunase, dejó ir con él a Amnón y a todos los hijos del rey. 28 Y había Absalón dado orden a sus criados, diciendo: Ahora bien, mirad cuando el corazón de Amnón estará alegre del vino, y <I>cuando yo</I> os dijere: Herid a Amnón, entonces matadle, y no temáis; que yo os lo he mandado. Esforzaos pues, y sed valientes. 29 Y los criados de Absalón hicieron con Amnón como Absalón lo había mandado. Se levantaron <I>luego</I> todos los hijos del rey, y subieron todos en sus mulos, y huyeron. 30 Y estando aún ellos en el camino, llegó a David el rumor que decía: Absalón ha muerto a todos los hijos del rey, que ninguno de ellos ha quedado. 31 Entonces levantándose David, rasgó sus vestidos, y se echó en tierra, y todos sus siervos tenían rasgados sus vestidos. 32 Y Jonadab, hijo de Simea hermano de David, habló y dijo: No diga mi señor que han muerto a todos los jóvenes hijos del rey, <I>ya</I> que sólo Amnón es muerto; porque en la boca de Absalón estaba puesto desde el día que Amnón forzó a Tamar su hermana. 33 Por tanto, ahora no ponga mi señor el rey en su corazón <I>tal</I> palabra que dice: Todos los hijos del rey son muertos; porque sólo Amnón es muerto. 34 Absalón huyó <I>luego</I> . <I>Entre tanto</I> , alzando sus ojos el joven que estaba en atalaya, miró, y he aquí mucho pueblo que venía a sus espaldas por el camino de hacia el monte. 35 Y dijo Jonadab al rey: He allí los hijos del rey que vienen; porque así es como tu siervo ha dicho. 36 Y cuando él acabó de hablar, he aquí los hijos del rey que vinieron, y alzando su voz lloraron. Y también el mismo rey y todos sus siervos lloraron con muy grandes lamentos. 37 Mas Absalón huyó, y se fue a Talmai hijo de Amiud, rey de Gesur. Y <I>David</I> lloraba por su hijo todos los días. 38 Y <I>después</I> que Absalón huyó y se fue a Gesur, estuvo allá tres años. 39 Y el rey David deseó ver a Absalón; porque ya estaba consolado acerca de Amnón que era muerto.
1 Y conociendo Joab hijo de Sarvia, que el corazón del rey estaba por Absalón, 2 envió Joab a Tecoa, y tomó de allá una mujer astuta, y le dijo: Yo te ruego que te enlutes, y te vistas de ropas de luto, y no te unjas con óleo, antes sé como mujer que ha mucho tiempo que trae luto por <I>algún</I> muerto; 3 y entrando al rey, habla con él de esta manera. Y puso Joab las palabras en su boca. 4 Entró pues aquella mujer de Tecoa al rey, y postrándose en tierra sobre su rostro adoró, y dijo: Oh rey, salve. 5 Y el rey dijo: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Yo a la verdad soy una mujer viuda y mi marido es muerto. 6 Y tu sierva tenía dos hijos y los dos riñeron en el campo; y no habiendo quien los separase, hirió el uno al otro, y lo mató. 7 Y he aquí toda la parentela se ha levantado contra tu sierva, diciendo: Entrega al que mató a su hermano, para que le hagamos morir por la vida de su hermano a quien él mató, y quitemos también el heredero. Así apagarán el ascua que me ha quedado, no dejando a mi marido nombre ni reliquia sobre la tierra. 8 Entonces el rey dijo a la mujer: Vete a tu casa, que yo mandaré acerca de ti. 9 Y la mujer de Tecoa dijo al rey: Rey señor mío, la maldad sea sobre mí y sobre la casa de mi padre; mas el rey y su trono sin culpa. 10 Y el rey dijo: Al que hablare contra tí, tráelo a mí, que no te tocará más. 11 Dijo ella <I>entonces</I> : Te ruego, oh rey, que te acuerdes del SEÑOR tu Dios, que no dejes a los vengadores de la sangre aumentar el daño con destruir a mi hijo. Y él respondió: Vive el SEÑOR, que no caerá ni un cabello de la cabeza de tu hijo en tierra. 12 Y la mujer dijo: Te ruego que hable tu criada <I>una</I> palabra a mi señor el rey. Y él dijo: Habla. 13 Entonces la mujer dijo: ¿Por qué pues piensas tú otro tanto contra el pueblo de Dios? Que hablando el rey esta palabra, <I>es</I> como culpado, por cuanto el rey no hace volver a su fugitivo. 14 Porque de cierto morimos, y somos como aguas derramadas por tierra, que no pueden volver a recogerse; ni Dios hace acepción de personas, mas busca la manera para no echar de si al desechado. 15 Y que yo he venido ahora para decir esto al rey mi señor, <I>es</I> porque el pueblo me ha puesto miedo. Mas tu sierva dijo <I>en si</I> : Hablaré ahora al rey; por ventura hará el rey la palabra de su sierva. 16 Pues el rey oirá, para librar a su sierva de mano del hombre que me <I>quiere</I> raer a mí, y a mi hijo juntamente, de la heredad de Dios. 17 Tu sierva pues dice: Que sea ahora la respuesta de mi señor el rey para descanso; pues que mi señor el rey es como un ángel de Dios para escuchar lo bueno y lo malo, y el SEÑOR tu Dios sea contigo. 18 Entonces el rey respondió, y dijo a la mujer: Yo te ruego que no me encubras nada de lo que yo te preguntare. Y la mujer dijo: Hable mi señor el rey. 19 Y el rey dijo: ¿No ha sido la mano de Joab contigo en todas estas cosas? Y la mujer respondió y dijo: Por <I>la</I> vida de tu alma, rey señor mío, que no hay que apartarse a derecha ni a izquierda de todo lo que mi señor el rey ha hablado; porque tu siervo Joab, él me mandó, y él puso en boca de tu sierva todas estas palabras; 20 y que trocara la forma de las palabras, Joab tu siervo lo ha hecho; mas mi señor es sabio, conforme a la sabiduría de un ángel de Dios, para saber lo que <I>se hace</I> en la tierra. 21 Entonces el rey dijo a Joab: He aquí yo hice esto; <I>por tanto</I> ve, y haz volver al joven Absalón. 22 Y Joab se postró en tierra sobre su rostro, y adoró, y bendijo al rey, y dijo: Hoy ha entendido tu siervo que he hallado gracia en tus ojos, rey señor mío; pues que ha hecho el rey la palabra de su siervo. 23 Se levantó <I>luego</I> Joab, y fue a Gesur, y volvió a Absalón a Jerusalén. 24 Mas el rey dijo: Váyase a su casa, y no vea mi rostro. Y Absalón volvió a su casa, y no vio el rostro del rey. 25 Y no había varón en todo Israel <I>tan</I> hermoso como Absalón, de alabar en gran manera; desde la planta de su pie hasta la mollera no había en él defecto. 26 Y cuando se cortaba el cabello (lo cual hacía al fin de cada año, pues le causaba molestia, y por eso se lo cortaba), pesaba el cabello de su cabeza doscientos siclos de peso real. 27 Y le nacieron a Absalón tres hijos, y una hija que se llamó Tamar, la cual era hermosa de ver. 28 Y estuvo Absalón por espacio de dos años en Jerusalén, y no vio el rostro del rey. 29 Y mandó Absalón por Joab, para enviarlo al rey; mas no quiso venir a él; ni aunque envió <I>por</I> segunda vez, quiso él venir. 30 Entonces dijo a sus siervos: Bien sabéis las tierras de Joab junto a mi lugar, donde tiene sus cebadas; id, y prenderles fuego; y los siervos de Absalón prendieron fuego a las tierras. 31 Se levantó <I>por tanto</I> Joab, y vino a Absalón a su casa, y le dijo: ¿Por qué han puesto fuego tus siervos a mis tierras? 32 Y Absalón respondió a Joab: He aquí, yo he enviado por ti, diciendo que vinieses acá, a fin de enviarte yo al rey a que le dijeses: ¿Para qué vine de Gesur? Mejor me fuera estar aún allá. Vea yo ahora la cara del rey; y si hay en mí pecado, máteme. 33 Vino, pues, Joab al rey, y se lo hizo saber. <I>Entonces</I> llamó a Absalón, el cual vino al rey, e inclinó su rostro a tierra delante del rey; y el rey besó a Absalón.
1 Aconteció después de esto, que Absalón se hizo <I>de</I> carros y gente de <I>a</I> caballo, y cincuenta que corriesen delante de él. 2 Y se levantaba Absalón de mañana, y se ponía a un lado del camino de la puerta; y a cualquiera que tenía pleito y venía al rey a juicio, Absalón le llamaba a sí, y le decía: ¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo <I> es</I> de una de las tribus de Israel. 3 Entonces Absalón le decía: Mira, tus palabras <I>son</I> buenas y justas; mas no tienes quien te oiga por el rey. 4 Y decía Absalón: ¡Quién me pusiera por juez en la tierra, para que viniesen a mí todos los que tienen pleito o negocio, que yo les haría justicia! 5 Y acontecía que, cuando alguno se llegaba para inclinarse a él, él extendía su mano, y lo tomaba, y lo besaba. 6 Y de esta manera hacía con todo Israel que venía al rey a juicio; y así robaba Absalón el corazón de los de Israel. 7 Y al finalizar <I>un periodo predeterminado de</I> cuarenta años aconteció que Absalón dijo al rey: Yo te ruego <I>me permitas</I> que vaya a Hebrón, a pagar mi voto que he prometido al SEÑOR. 8 Porque tu siervo hizo voto cuando estaba en Gesur en Siria, diciendo: Si el SEÑOR me volviere a Jerusalén, yo serviré al SEÑOR. 9 Y el rey dijo: Ve en paz. Y él se levantó, y se fue a Hebrón. 10 <I>Pero</I> envió Absalón espías por todas las tribus de Israel, diciendo: Cuando oyereis el sonido de la trompeta, diréis: Absalón reina en Hebrón. 11 Y fueron con Absalón doscientos hombres de Jerusalén <I>por él</I> convidados, los cuales iban en su sencillez, sin saber nada. 12 También envió Absalón por Ahitofel gilonita, del consejo de David, a Gilo su ciudad, mientras hacía sus sacrificios. Y fue hecha una grande conjuración, y el pueblo con Absalón se iba aumentando. 13 Y vino el aviso a David, diciendo: El corazón del varón de Israel <I>se va</I> tras Absalón. 14 Entonces David dijo a todos sus siervos que <I>estaban</I> con él en Jerusalén: Levantaos, y huyamos, porque no podremos escapar delante de Absalón; daos prisa a andar, no sea que apresurándose él nos alcance, y arroje <I> el</I> mal sobre nosotros, y hiera la ciudad a filo de espada. 15 Y los siervos del rey dijeron al rey: He aquí, tus siervos <I>están prestos</I> a todo lo que nuestro señor el rey eligiere. 16 El rey entonces salió, con toda su casa a pie; y dejó el rey diez mujeres concubinas para que guardasen la casa. 17 Salió, <I>pues</I> , el rey con todo el pueblo a pie, y <I>se</I> pararon en un lugar distante. 18 Y todos sus siervos pasaban a su lado, y todos los cereteos y peleteos; y todos los geteos, seiscientos hombres que habían venido a pie desde Gat, e iban delante del rey. 19 Y dijo el rey a Ittai geteo: ¿Para qué vienes tú también con nosotros? Vuélvete y quédate con el rey; porque tú <I>eres</I> extranjero, y desterrado también de tu lugar. 20 ¿Ayer viniste, y he de hacer hoy que mudes lugar para ir con nosotros? Yo voy como voy; tú vuélvete, y haz volver a tus hermanos; en ti <I>hay</I> misericordia y verdad. 21 Y respondió Ittai al rey, diciendo: Vive Dios, y vive mi señor el rey, que, o para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo. 22 Entonces David dijo a Ittai: Ven <I>pues</I> , y pasa. Y pasó Ittai geteo, y todos sus varones, y todos sus siervos. 23 Y todos <I>los de</I> la tierra lloraron en alta voz; y pasó todo el pueblo el arroyo de Cedrón; y después pasó el rey, y todo el pueblo pasó, al camino que va al desierto. 24 Y he aquí, también <I>iba</I> Sadoc, y con él todos los levitas que llevaban el arca del pacto de Dios; y asentaron el arca del pacto de Dios. Y subió Abiatar después que hubo acabado de salir de la ciudad todo el pueblo. 25 <I>Pero</I> dijo el rey a Sadoc: Vuelve el arca de Dios a la ciudad; que si <I>yo</I> hallare gracia en los ojos del SEÑOR, él me volverá, y me hará ver a ella y a su tabernáculo. 26 Y si dijere: No me agradas; aquí estoy, haga de mí lo que bien le pareciere. 27 Dijo <I>aún</I> el rey a Sadoc sacerdote: ¿No eres tú el vidente? Vuélvete en paz a la ciudad; y con vosotros vuestros dos hijos, tu hijo Ahimaas, y Jonatán hijo de Abiatar. 28 Mirad, yo me detendré en los campos del desierto, hasta que venga respuesta de vosotros que me dé aviso. 29 Entonces Sadoc y Abiatar volvieron el arca de Dios a Jerusalén; y se estuvieron allá. 30 Y David subió la cuesta de las olivas; y la subió llorando, llevando la cabeza cubierta, y los pies descalzos. <I>También</I> todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, y subieron llorando así como subían. 31 Y dieron aviso a David, diciendo: Ahitofel <I>también está</I> con los que conspiraron con Absalón. Entonces dijo David: Enloquece ahora, oh SEÑOR, el consejo de Ahitofel. 32 Y cuando David llegó a la cumbre <I>del monte</I> para adorar allí a Dios, he aquí Husai araquita que le salió al encuentro, trayendo rota su ropa, y tierra sobre su cabeza. 33 Y le dijo David: Si pasares conmigo, me serás de carga; 34 mas si volvieres a la ciudad, y dijeres a Absalón: Rey, yo seré tu siervo; como hasta aquí he sido siervo de tu padre, así seré ahora siervo tuyo, <I>entonces</I> tú me disiparás el consejo de Ahitofel. 35 ¿No <I>estarán</I> allí contigo Sadoc y Abiatar sacerdotes? Por tanto, todo lo que oyeres en la casa del rey, darás aviso de ello a Sadoc y a Abiatar sacerdotes. 36 Y he aquí que <I>están</I> con ellos sus dos hijos, Ahimaas el de Sadoc, y Jonatán el de Abiatar; por mano de ellos me enviaréis <I>aviso</I> de todo lo que oyereis. 37 Así se vino Husai amigo de David a la ciudad; y Absalón entró en Jerusalén.
1 Y cuando David pasó un poco de la cumbre del monte, he aquí Siba, el criado de Mefi-boset, que lo salía a recibir con un par de asnos enalbardados, y sobre ellos doscientos panes, y cien hilos de pasas, y cien <I>panes de higos</I> secos, y un cuero de vino. 2 Y dijo el rey a Siba: ¿Qué <I>es</I> esto? Y Siba respondió: Los asnos <I>son</I> para la familia del rey, en que suban; los panes y la pasa para que coman los criados, y el vino, para que beban los que se cansaren en el desierto. 3 Y dijo el rey: ¿Dónde <I>está</I> el hijo de tu señor? Y Siba respondió al rey: He aquí él se ha quedado en Jerusalén, porque ha dicho: Hoy me devolverá la casa de Israel el reino de mi padre. 4 Entonces el rey dijo a Siba: He aquí, sea tuyo todo lo que tiene Mefi-boset. Y respondió Siba inclinándose: Rey señor mío, halle yo gracia delante de ti. 5 Y vino el rey David hasta Bahurim; y he aquí, salía uno de la familia de la casa de Saúl, el cual se llamaba Semei, hijo de Gera; y salía maldiciendo, 6 y echando piedras contra David, y contra todos los siervos del rey David; y todo el pueblo, y todos los hombres valientes estaban a su diestra y a su siniestra. 7 Y decía Semei, maldiciéndole: Sal, sal, varón de sangres, y hombre de Belial; 8 el SEÑOR te ha dado el pago de toda la sangre de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has reinado; mas el SEÑOR ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón; y he aquí tu <I> eres tomado</I> en tu maldad, porque eres varón de sangre. 9 <I>Entonces</I> Abisai hijo de Sarvia, dijo al rey: ¿Por qué maldice este perro muerto a mi señor el rey? Yo te ruego que me dejes pasar, y le quitaré la cabeza. 10 Y el rey respondió: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? El maldice así, porque el SEÑOR le ha dicho que maldiga a David; ¿quién pues le dirá: Por qué lo haces así? 11 Y dijo David a Abisai y a todos sus siervos: He aquí, mi hijo que ha salido de mis entrañas, acecha a mi vida; ¿cuánto más ahora un hijo de Jemini? Dejadle que maldiga, que el SEÑOR se lo ha dicho. 12 Por ventura el SEÑOR mirará a mi aflicción, y me dará el SEÑOR bien por sus maldiciones de hoy. 13 Y como David y los suyos iban por el camino, Semei iba por el lado del monte delante de él, andando y maldiciendo, y arrojando piedras delante de él, y esparciendo polvo. 14 Y el rey y todo el pueblo que con él <I>estaba</I> , llegaron fatigados, y descansaron allí. 15 Y Absalón y todo el pueblo, los varones de Israel, entraron en Jerusalén, y con él Ahitofel. 16 Y acaeció que cuando Husai araquita amigo de David llegó a Absalón, le dijo Husai: ¡Viva el rey, viva el rey! 17 Y Absalón dijo a Husai: ¿Este <I>es</I> tu agradecimiento para con tu amigo? ¿Por qué no fuiste con tu amigo? 18 Y Husai respondió a Absalón: No; antes al que eligiere el SEÑOR y este pueblo y todos los varones de Israel, de aquél seré yo, y con aquél quedaré. 19 ¿Y a quién había yo de servir? ¿No es a su hijo? Como he servido delante de tu padre, así seré delante de ti. 20 Entonces dijo Absalón a Ahitofel: <I>Dadnos</I> consejo <I>sobre</I> qué haremos. 21 Y Ahitofel dijo a Absalón: Entra a las concubinas de tu padre, que él dejó para guardar la casa; y todo el pueblo de Israel oirá que te has hecho aborrecible a tu padre, y así se esforzarán las manos de todos los que <I> están</I> contigo. 22 Entonces pusieron una tienda a Absalón sobre el terrado, y entró Absalón a las concubinas de su padre, en ojos de todo Israel. 23 Y el consejo que daba Ahitofel en aquellos días, era como si consultaran la palabra de Dios. Tal era el consejo de Ahitofel, así con David como con Absalón.
1 Entonces Ahitofel dijo a Absalón: <I>Yo</I> escogeré ahora doce mil hombres, y me levantaré, y seguiré a David esta noche; 2 y daré sobre él, que él estará cansado y flaco de manos; lo atemorizaré, y todo el pueblo que <I>está</I> con él huirá, y heriré al rey solo. 3 <I>Así</I> tornaré a todo el pueblo a ti; y cuando ellos hubieren vuelto, (pues aquel hombre es el que tú quieres) todo el pueblo estará en paz. 4 Esta palabra fue recta en ojos Absalón y de todos los ancianos de Israel. 5 Y dijo Absalón: Yo te ruego que llames también a Husai araquita, para que asimismo oigamos lo que él dirá. 6 Y cuando Husai vino a Absalón, le habló Absalón, diciendo: Así ha dicho Ahitofel; ¿seguiremos su consejo, o no? Di tú. 7 Entonces Husai dijo a Absalón: El consejo que ha dado esta vez Ahitofel no es bueno. 8 Y añadió Husai: Tú sabes que tu padre y los suyos son hombres valientes, y que están <I>ahora</I> con amargura de ánimo, como la osa en el campo cuando le han quitado los hijos. Además, tu padre <I>es</I> hombre de guerra, y no tendrá la noche con el pueblo. 9 He aquí él estará ahora escondido en alguna cueva, o en algún otro lugar; y si al principio cayeren algunos <I>de los tuyos</I> , lo oirá quien lo oyere, y dirá: El pueblo que sigue a Absalón ha sido muerto. 10 Así aun el hombre valiente, cuyo corazón sea como corazón de león, sin duda desmayará; porque todo Israel sabe que tu padre es hombre valiente, y que los que <I>están</I> con él son esforzados. 11 Mas <I>yo</I> aconsejo que todo Israel se junte a ti, desde Dan hasta Beerseba, <I>que será</I> en multitud como la arena que <I>está</I> a la orilla del mar, y que tú en persona vayas a la batalla. 12 Entonces le acometeremos en cualquier lugar que pudiere hallarse, y daremos sobre él como cuando el rocío cae sobre la tierra, y ni uno dejaremos de él, y de todos los que con él están. 13 Y si se recogiere en <I>alguna</I> ciudad, todos los de Israel traerán sogas a aquella ciudad, y la arrastraremos hasta el arroyo, que nunca más parezca piedra de ella. 14 Entonces Absalón y todos los de Israel dijeron: El consejo de Husai araquita es mejor que el consejo de Ahitofel. Porque el SEÑOR había mandado que el acertado consejo de Ahitofel fuese disipado, para que el SEÑOR hiciese venir <I>el</I> mal sobre Absalón. 15 Dijo luego Husai a Sadoc y a Abiatar sacerdotes: Así y así aconsejó Ahitofel a Absalón y a los ancianos de Israel; y yo aconsejé así y así. 16 Por tanto enviad inmediatamente, y dad aviso a David, diciendo: No quedes esta noche en los llanos del desierto, sino pasa luego <I>el Jordán</I> , para que el rey no sea consumido, y todo el pueblo que con él está. 17 Y Jonatán y Ahimaas estaban junto a la fuente de Rogel, porque no podían ellos mostrarse viniendo a la ciudad; y fue allá una criada, la cual les dio el aviso; y ellos fueron, y dieron aviso al rey David. 18 <I>Pero</I> fueron vistos por un joven, el cual lo dijo a Absalón; sin embargo los dos se dieron prisa a caminar, y llegaron a casa de un hombre en Bahurim, que tenía un pozo en su patio, dentro del cual ellos descendieron. 19 Y tomando la mujer <I>de la casa</I> una manta, la extendió sobre la boca del pozo, y tendió sobre ella del trigo majado, para que el negocio no fuese entendido. 20 Llegando <I>luego</I> los criados de Absalón a la casa a la mujer, le dijeron: ¿Dónde <I>están</I> Ahimaas y Jonatán? Y la mujer les respondió: Ya han pasado el vado de las aguas. Y como ellos los buscaron y no los hallaron volvieron a Jerusalén. 21 Y después que ellos se hubieron ido, <I>aquellos</I> salieron del pozo, y se fueron, y dieron aviso al rey David; y le dijeron: Levantaos y daos prisa a pasar las aguas, porque Ahitofel ha dado tal consejo contra vosotros. 22 Entonces David se levantó, y todo el pueblo que <I>estaba</I> con él, y pasaron el Jordán antes que amaneciese; ni siquiera faltó uno que no pasase el Jordán. 23 Y Ahitofel, viendo que no se había seguido su consejo, enalbardó su asno, y se levantó, y se fue a su casa en su ciudad; y ordenó su casa, y se ahorcó y murió, y fue sepultado en el sepulcro de su padre. 24 Y David llegó a Mahanaim, y Absalón pasó el Jordán con todos los varones de Israel. 25 Y Absalón constituyó a Amasa, sobre el ejército en lugar de Joab, el cual Amasa fue hijo de un varón de Israel llamado Itra, el cual había entrado a Abigail hija de Nahas, hermana de Sarvia, madre de Joab. 26 Y asentó campamento Israel con Absalón en tierra de Galaad. 27 Y cuando David llegó a Mahanaim, Sobi hijo de Nahas de Rabá de los hijos de Amón, y Maquir hijo de Amiel de Lodebar, y Barzilai galaadita de Rogelim, 28 trajeron a David y al pueblo que <I>estaba</I> con él, camas, y tazas, y vasijas de barro, y trigo, y cebada, y harina, y <I>trigo</I> tostado, habas, lentejas, y <I>garbanzos</I> tostados, 29 miel, manteca, ovejas, y quesos de vacas, para que comiesen; porque dijeron <I>entre si</I> : Aquel pueblo está hambriento, y cansado, y tendrá sed en el desierto.
1 David, pues, reconoció el pueblo que tenía consigo, y puso sobre ellos capitanes de millares y de centenas. 2 Y puso la tercera parte del pueblo bajo la mano de Joab, y otra tercera bajo la mano de Abisai, hijo de Sarvia, hermano de Joab, y la otra tercera parte bajo la mano de Ittai geteo. Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros. 3 Mas el pueblo dijo: No saldrás; porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros; mas tú ahora <I>vales tanto como</I> diez mil de nosotros. Por tanto, será mejor que tú nos des ayuda desde la ciudad. 4 Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que a vosotros pareciere bien. Y se puso el rey a la entrada de la puerta, mientras salía todo el pueblo de ciento en ciento y de mil en mil. 5 Y el rey mandó a Joab y a Abisai y a Ittai, diciendo: <I>Tratad</I> benignamente por amor de mí al joven Absalón. Y todo el pueblo oyó cuando mandó el rey acerca de Absalón a todos los capitanes. 6 Salió, pues, el pueblo al campo contra Israel, y se dio la batalla en el bosque de Efraín. 7 Y allí cayó el pueblo de Israel delante de los siervos de David, y fue hecha allí una gran matanza de veinte mil <I>hombres</I> . 8 Y derramándose allí el ejército por la faz de toda la tierra, fueron más los que consumió el bosque de los del pueblo, que los que consumió el cuchillo aquel día. 9 Y Absalón se encontró con los siervos de David; e iba Absalón sobre un mulo, y el mulo se entró debajo de un espeso y grande alcornoque, y se le asió la cabeza al alcornoque, y quedó entre el cielo y la tierra; <I>pues</I> el mulo en que iba pasó delante. 10 Y viéndolo uno, avisó a Joab, diciendo: He aquí que he visto a Absalón colgado de un alcornoque. 11 Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: Y viéndolo tú, ¿por qué no le heriste luego allí <I>echándole</I> a tierra? Y sobre mí, que te hubiera dado diez <I>siclos</I> de plata, y un talabarte. 12 Y el hombre dijo a Joab: Aunque yo me pesara en mis manos mil <I>siclos</I> de plata, no extendiera yo mi mano contra el hijo del rey; porque nosotros lo oímos cuando el rey te mandó a ti y a Abisai y a Ittai, diciendo: Mirad que <I>ninguno toque</I> al joven Absalón. 13 Por otra parte, habría yo hecho traición contra mi alma (pues que al rey nada se le esconde), y tú mismo estarías en contra. 14 Y respondió Joab: No <I>es</I> razón que yo te ruegue. Y tomando tres dardos en su mano, los hincó en el corazón de Absalón, que aun estaba vivo en medio del alcornoque. 15 Cercándolo <I>luego</I> diez jóvenes escuderos de Joab, hirieron a Absalón, y le mataron. 16 Entonces Joab tocó la trompeta, y el pueblo se volvió de seguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo. 17 Tomando <I>después</I> a Absalón, le echaron en un gran foso en el bosque, y levantaron sobre él un montón muy grande de piedras; y todo Israel huyó, cada uno a sus estancias. 18 Y en vida Absalón había tomado y levantado una columna, la cual <I>está</I> en el valle del rey; porque había dicho <I>entre si</I> : Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre. Y llamó aquella columna de su nombre; y así se llamó el Lugar de Absalón, hasta hoy. 19 Entonces Ahimaas hijo de Sadoc dijo: <I>Yo</I> correré ahora, y daré las nuevas al rey de cómo el SEÑOR ha defendido su causa de la mano de sus enemigos. 20 Y respondió Joab: Hoy no llevarás las nuevas; las llevarás otro día; no darás hoy la nueva, porque el hijo del rey es muerto. 21 Y Joab dijo a Cusi: Ve tú, y di al rey lo que has visto. Y Cusi hizo reverencia a Joab, y corrió. 22 <I>Entonces</I> Ahimaas hijo de Sadoc volvió a decir a Joab: Sea lo que fuere, yo correré ahora tras Cusi. Y Joab dijo: Hijo mío, ¿para qué has tú de correr, <I>pues</I> que no hallarás premio por las nuevas? 23 Y <I>él respondió</I> : Sea lo que fuere, yo correré. <I>Entonces Joab</I> le dijo: Corre. Corrió, <I>pues</I> , Ahimaas por el camino de la llanura, y pasó delante de Cusi. 24 Y David estaba sentado entre las dos puertas; y el atalaya había ido al terrado <I>de sobre</I> la puerta en el muro, y alzando sus ojos, miró, y vio a uno que corría solo. 25 El atalaya dio luego voces, y lo hizo saber al rey. Y el rey dijo: Si es solo, buenas nuevas trae. <I>En tanto que</I> él venía acercándose, 26 vio el atalaya otro que corría; y dio voces el atalaya al portero, diciendo: He aquí un hombre que corre solo. Y el rey dijo: Este también <I>es</I> mensajero. 27 Y el atalaya volvió a decir: Me parece el correr del primero como el correr de Ahimaas hijo de Sadoc. Y respondió el rey: Ese es hombre de bien, y viene con buena nueva. 28 Entonces Ahimaas dijo en alta voz al rey: Paz. Y se inclinó a tierra delante del rey, y dijo: Bendito <I>sea</I> el SEÑOR Dios tuyo, que ha entregado a aquellos hombres que habían levantado sus manos contra mi señor el rey. 29 Y el rey dijo: ¿El joven Absalón tiene paz? Y Ahimaas respondió: Yo vi un grande alboroto cuando Joab envió al siervo del rey y a mí tu siervo; mas no sé qué <I>era</I> . 30 Y el rey dijo: Pasa, y ponte allí. Y él pasó, y se paró. 31 Y luego vino Cusi, y dijo: Reciba nueva mi señor el rey, que hoy el SEÑOR ha defendido tu causa de la mano de todos los que se habían levantado contra ti. 32 El rey entonces dijo a Cusi: ¿El joven Absalón tiene paz? Y Cusi respondió: Como aquel joven sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levantan contra ti para mal. 33 Entonces el rey se turbó, y se subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!
1 Y dieron aviso a Joab: He aquí el rey llora, y pone luto por Absalón. 2 Y se volvió aquel día la salud en luto para todo el pueblo; porque oyó decir el pueblo aquel día que el rey tenía dolor por su hijo. 3 Se entró el pueblo aquel día en la ciudad escondidamente, como suele entrar a escondidas el pueblo avergonzado que ha huido de la batalla. 4 Mas el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta voz: ¡Hijo mío Absalón, Absalón, hijo mío, hijo mío! 5 Y entrando Joab en casa del rey, le dijo: Hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos, que han hoy librado tu vida, y la vida de tus hijos y de tus hijas, y la vida de tus mujeres, y la vida de tus concubinas, 6 amando a los que te aborrecen, y aborreciendo a los que te aman; porque hoy has declarado que <I>no estimas</I> tus príncipes y siervos; porque <I>yo</I> entiendo hoy que si Absalón viviera, y todos nosotros todos estuviéramos muertos hoy, entonces <I>esto sería</I> recto en tus ojos. 7 Levántate pues ahora, y sal fuera, y habla al corazón de tus siervos; porque juro por el SEÑOR, que si no sales, ni aun uno quede contigo esta noche; y de esto te pesará más que de todos los males que te han sobrevenido desde tu juventud hasta ahora. 8 Entonces se levantó el rey, y se sentó a la puerta; y fue declarado a todo el pueblo, diciendo: He aquí el rey está sentado a la puerta. Y vino todo el pueblo delante del rey; mas Israel había huido, cada uno a sus estancias. 9 Y todo el pueblo porfiaba en todas las tribus de Israel, diciendo: El rey nos ha librado de mano de nuestros enemigos, y él nos ha salvado de mano de los filisteos; y ahora había huido, de la tierra por miedo de Absalón. 10 Y Absalón, a quien habíamos ungido sobre nosotros, es muerto en la batalla. ¿Por qué pues os estáis ahora quedos en orden a hacer volver al rey? 11 Y el rey David envió a Sadoc y a Abiatar sacerdotes, diciendo: Hablad a los ancianos de Judá y decidles: ¿Por qué seréis <I>vosotros</I> los postreros en volver el rey a su casa, ya que la palabra de todo Israel ha venido al rey <I>de volverle</I> a su casa? 12 Vosotros sois mis hermanos; mis huesos y mi carne sois; ¿por qué pues seréis vosotros los postreros en volver al rey? 13 Asimismo diréis a Amasa: ¿No eres tú también hueso mío y carne mía? Así me haga Dios, y así me añada, si no fueres general del ejército delante de mí para siempre, en lugar de Joab. 14 Así inclinó el corazón de todos los varones de Judá, como el de un varón, para que enviasen a <I>decir</I> al rey: Vuelve tú, y todos tus siervos. 15 Volvió, pues, el rey, y vino hasta el Jordán. Y Judá vino a Gilgal, a recibir al rey y pasarlo del Jordán. 16 Y Semei hijo de Gera, hijo de Jemini, <I>que era</I> de Bahurim, se dio prisa a venir con los varones de Judá a recibir al rey David; 17 y con él <I>venían</I> mil hombres de Benjamín; asimismo Siba criado de la casa de Saúl, con sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales pasaron el Jordán delante del rey. 18 Atravesó <I>después</I> la barca para pasar la familia del rey, y para hacer lo que le quisiera. Entonces Semei hijo de Gera se postró delante del rey pasando él el Jordán. 19 Y dijo al rey: No me impute mi señor mi iniquidad, ni tengas memoria de los males que tu siervo hizo el día que mi señor el rey salió de Jerusalén, para guardarlos el rey en su corazón; 20 Porque yo tu siervo conozco haber pecado, y he venido hoy el primero de toda la casa de José, para descender a recibir a mi señor el rey. 21 Y Abisai hijo de Sarvia respondió y dijo: ¿No ha de morir por esto Semei, que maldijo al ungido del SEÑOR? 22 David entonces dijo: ¿Qué tenéis vosotros conmigo, hijos de Sarvia, que me habéis de ser hoy adversarios? ¿Ha de morir hoy alguno en Israel? ¿No conozco yo que hoy soy rey sobre Israel? 23 Y dijo el rey a Semei: No morirás. Y el rey se lo juró. 24 También Mefi-boset hijo de Saúl descendió a recibir al rey; no había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos, desde el día que el rey salió hasta el día que vino en paz. 25 Y luego que vino él a Jerusalén a recibir al rey, el rey le dijo: Mefi-boset, ¿por qué no fuiste conmigo? 26 Y él dijo: Rey señor mío, mi siervo me ha engañado; pues había tu siervo dicho: Enalbardaré un asno, y subiré en él, e iré al rey; porque tu siervo es cojo. 27 Pero él revolvió a tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios; haz pues lo que bien te pareciere. 28 Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, y tú pusiste a tu siervo entre los convidados de tu mesa. ¿Qué derecho pues tengo aún para quejarme más contra el rey? 29 Y el rey le dijo: ¿Para qué hablas más palabras? Yo he determinado que tú y Siba partáis las tierras. 30 Y Mefi-boset dijo al rey: Y aun tómelas él todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa. 31 También Barzilai galaadita descendió de Rogelim, y pasó el Jordán con el rey, para acompañarle al otro lado del Jordán. 32 Y era Barzilai muy viejo, de ochenta años, el cual había dado provisión al rey cuando estaba en Mahanaim, porque era hombre muy rico. 33 Y el rey dijo a Barzilai: Pasa conmigo, y yo te daré de comer conmigo en Jerusalén. 34 Mas Barzilai dijo al rey: ¿Cuántos son los días del tiempo de mi vida, para que <I>yo</I> suba con el rey a Jerusalén? 35 Yo soy hoy día de edad de ochenta años, que ya no haré diferencia entre lo bueno y lo malo. ¿Tomará gusto ahora tu siervo en lo que comiere o bebiere? ¿Oiré más la voz de los cantores y de las cantoras? ¿Para qué, pues, sería aún tu siervo molesto a mi señor el rey? 36 Pasará tu siervo un poco el Jordán con el rey; ¿por qué me ha de dar el rey tan grande recompensa? 37 Yo te ruego que dejes volver a tu siervo, y que muera en mi ciudad, <I>junto</I> al sepulcro de mi padre y de mi madre. He aquí tu siervo Quimam; que pase él con mi señor el rey, y hazle lo que bien te pareciere. 38 Y el rey dijo: Pues pase conmigo Quimam, y yo haré con él como bien te parezca; y todo lo que tú pidieres de mí, yo lo haré. 39 Y todo el pueblo pasó el Jordán; y luego que el rey hubo también pasado, el rey besó a Barzilai, y lo bendijo; y él se volvió a su casa. 40 El rey entonces pasó a Gilgal, y con él pasó Quimam; y todo el pueblo de Judá pasaron al rey con la mitad del pueblo de Israel. 41 Y he aquí todos los varones de Israel vinieron al rey, y le dijeron: ¿Por qué los varones de Judá, nuestros hermanos, te han hurtado, y han hecho pasar el Jordán al rey y a su familia, y a todos los varones de David con él? 42 Y todos los varones de Judá respondieron a todos los varones de Israel: Porque el rey es nuestro pariente. Mas ¿por qué os enojáis vosotros de eso? ¿Hemos nosotros comido <I>algo</I> del rey? ¿Hemos recibido de él algún don? 43 Entonces respondieron los varones de Israel, y dijeron a los de Judá: Nosotros tenemos en el rey diez partes, y en el mismo David más que vosotros; ¿por qué pues nos habéis tenido en poco? ¿No hablamos nosotros primero en volver a nuestro rey? Mas <I>al fin</I> la razón de los varones de Judá fue más fuerte que el de los varones de Israel.
1 Y acaeció estar allí un varón de Belial que se llamaba Seba, hijo de Bicri, varón de Jemini, el cual tocó la trompeta diciendo: No tenemos nosotros parte en David, ni heredad en el hijo de Isaí. Israel, ¡cada uno a sus estancias! 2 Así se fueron de en pos de David todos los varones de Israel, y seguían a Seba hijo de Bicri; mas los que eran de Judá fueron adheridos a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén. 3 Y <I>luego que</I> llegó David a su casa en Jerusalén, tomó el rey las diez mujeres concubinas que había dejado para guardar la casa, y las puso en una casa bajo guardia, y les dio de comer; pero nunca más entró a ellas, sino que quedaron encerradas hasta que murieron en viudez de por vida. 4 Y el rey dijo a Amasa: Júntame los varones de Judá para el tercer día, y hállate tú aquí presente. 5 Fue, <I>pues</I> , Amasa a juntar a Judá; pero se detuvo más del tiempo que le había sido señalado. 6 Y dijo David a Abisai: Seba hijo de Bicri nos hará ahora más mal que Absalón; toma pues tú los siervos de tu señor, y ve tras él, no sea que halle las ciudades fortificadas, y se nos vaya de delante. 7 Entonces salieron en pos de él los hombres de Joab, y los cereteos y peleteos, y todos los hombres valientes salieron de Jerusalén para ir tras Seba hijo de Bicri. 8 Y estando ellos junto a la grande peña que está <I>en</I> Gabaón, les salió Amasa al encuentro. Y Joab estaba ceñido sobre su ropa que tenía puesto, sobre la cual tenía ceñido un cuchillo pegado a sus lomos en su vaina, el cual salió y cayó. 9 Y Joab dijo a Amasa: ¿Tienes paz, hermano mío? Y tomó Joab con la diestra la barba de Amasa, para besarlo. 10 Y Amasa no se cuidó del cuchillo que Joab tenía en la mano; y él le hirió con el cuchillo en la quinta <I>costilla</I> , y derramó sus entrañas por tierra, y cayó muerto sin darle segundo golpe. <I>Después</I> Joab y su hermano Abisai persiguieron a Seba hijo de Bicri. 11 Y uno de los criados de Joab se paró junto a él, diciendo: Cualquiera que amare a Joab y a David <I>vaya</I> en pos de Joab. 12 Y Amasa se había revolcado en la sangre en mitad del camino; y viendo aquel hombre que todo el pueblo se paraba, apartó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él una vestidura, porque veía que todos los que venían se paraban junto a él. 13 Luego que fue apartado del camino, pasaron todos los que seguían a Joab, para ir tras Seba hijo de Bicri. 14 Y él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel y Bet-maaca y todo Barim; y se juntaron, y lo siguieron también. 15 Y vinieron y lo cercaron en Abel de Bet-maaca, y pusieron baluarte contra la ciudad; y <I>el pueblo</I> se puso al muro; y todo el pueblo que estaba con Joab trabajaba por derribar la muralla. 16 Entonces una mujer sabia dio voces en la ciudad, <I>diciendo</I> : Oíd, oíd; os ruego que digáis a Joab se llegue hasta acá, para que <I>yo</I> hable con él. 17 Y cuando él se acercó a ella, dijo la mujer: ¿Eres tú Joab? Y él respondió: <I>Yo</I> soy. Y ella le dijo: Oye las palabras de tu sierva. Y él respondió: Oigo. 18 Entonces volvió ella a hablar, diciendo: Antiguamente solían hablar, diciendo: Quien preguntare, pregunte en Abel; y así concluían. 19 Yo soy de las pacíficas y fieles de Israel; y tú procuras destruir una ciudad que es madre de Israel; ¿por qué destruyes la heredad del SEÑOR? 20 Y Joab respondió, diciendo: Nunca tal, nunca tal me acontezca, que <I>yo</I> destruya ni deshaga. 21 La cosa no es así; mas un hombre del monte de Efraín, que se llama Seba hijo de Bicri, ha levantado su mano contra el rey David; entregad a ése solamente, y me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Joab: He aquí su cabeza te será echada desde el muro. 22 La mujer fue <I>luego</I> a todo el pueblo con su sabiduría; y ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri, y la echaron a Joab. Y él tocó la trompeta, y se esparcieron <I>todos</I> de la ciudad, cada uno a su estancia. Y Joab se volvió al rey a Jerusalén. 23 <I>Así quedó</I> Joab sobre todo el ejército de Israel; y Benaía hijo de Joiada sobre los cereteos y peleteos; 24 y Adoram sobre los tributos; y Josafat hijo de Ahilud, el canciller; 25 y Seba, escriba; y Sadoc y Abiatar, sacerdotes; 26 e Ira jaireo fue sacerdote de David.
1 Y en los días de David hubo hambre por tres años consecutivos. Y David consultó al SEÑOR, y el SEÑOR le dijo: <I>Es</I> por Saúl, y por aquella casa de sangre; porque mató a los gabaonitas. 2 Entonces el rey llamó a los gabaonitas, y les habló. (Los gabaonitas no <I>eran</I> de los hijos de Israel, sino del residuo de los amorreos, a los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento; mas Saúl había procurado matarlos con <I>motivo de</I> celo por los hijos de Israel y de Judá). 3 Dijo, <I>pues</I> , David a los gabaonitas: ¿Qué os haré, y con qué expiaré para que bendigáis a la heredad del SEÑOR? 4 Y los gabaonitas le respondieron: No tenemos nosotros <I>pleito</I> sobre plata ni sobre oro con Saúl, y con su casa; ni queremos que muera hombre de Israel. Y él les dijo: Lo que <I>vosotros</I> dijereis os haré. 5 Y ellos respondieron al rey: Aquel hombre que nos destruyó, y que maquinó contra nosotros; asolaremos, que no quede <I>nada de él</I> en todo el término de Israel. 6 Dénsenos siete varones de sus hijos, para que colgarlos al SEÑOR en Gabaa de Saúl, el escogido del SEÑOR. Y el rey dijo: Yo <I>los</I> daré. 7 Y el rey perdonó a Mefi-boset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, por el juramento del SEÑOR que hubo entre ellos, entre David y Jonatán hijo de Saúl. 8 Mas tomó el rey dos hijos de Rizpa hija de Aja, los cuales ella había dado a luz a Saúl, <I>a saber</I> , a Armoni y a Mefi-boset; y cinco hijos de Mical hija de Saúl, los cuales ella había dado a luz a Adriel, hijo de Barzilai meholatita; 9 y los entregó en manos de los gabaonitas, y ellos los colgaron en el monte delante del SEÑOR; y murieron juntos aquellos siete, lo cuales fueron muertos en el tiempo de la siega, en los primeros días, en el principio de la siega de las cebadas. 10 Tomando <I>luego</I> Rizpa hija de Aja <I>un</I> saco, se lo tendió sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó a ninguna ave del cielo asentarse sobre ellos de día, ni bestias del campo de noche. 11 Y fue dicho a David lo que hacía Rizpa hija de Aja, concubina de Saúl. 12 Entonces David fue, y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo, de los varones de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Bet-sán, donde los habían colgado los filisteos, cuando deshicieron los filisteos a Saúl en Gilboa; 13 y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo; y juntaron también los huesos de los colgados, 14 y sepultaron los huesos de Saúl y los de su hijo Jonatán en tierra de Benjamín, en Sela, en el sepulcro de Cis su padre; e hicieron todo lo que el rey había mandado. <I>Después</I> se aplacó Dios con la tierra. 15 Y los filisteos volvieron a hacer <I>la</I> guerra a Israel, y David descendió y sus siervos con él, y pelearon con los filisteos; y David se cansó. 16 E Isbi-benob, el cual era de los hijos del gigante, y el peso de cuya lanza <I>era de</I> trescientos siclos de bronce, y tenía él ceñida una nueva <I>espada</I> , este había determinado de herir a David. 17 Mas Abisai hijo de Sarvia le socorrió, e hirió al filisteo, y lo mató. Entonces los varones de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí adelante saldrás con nosotros a batalla, para que no apagues la lámpara de Israel. 18 Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los filisteos; entonces Sibecai husatita hirió a Saf, que era de los hijos del gigante. 19 Otra guerra hubo en Gob contra los filisteos, en la cual Elhanán, hijo de Jaare-oregim de Belén, hirió a Goliat geteo, el asta de cuya lanza era como el rodillo de <I>un</I> telar. 20 Después hubo otra guerra en Gat, donde hubo <I>un</I> varón de grande altura, el cual tenía doce dedos en las manos, y otros doce en los pies, veinticuatro en todos; y también era de los hijos del gigante. 21 Este desafió a Israel, y lo mató Jonatán, hijo de Simea hermano de David. 22 Estos cuatro le habían nacido al gigante en Gat, los cuales cayeron por la mano de David, y por la mano de sus siervos.
1 Y habló David al SEÑOR las palabras de este cántico, el día que el SEÑOR le había librado de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl. 2 Y dijo: El SEÑOR <I>es</I> mi peña, y mi fortaleza, y mi libertador. 3 Dios es mi peñasco, en él confiaré; mi escudo, y el cuerno de mi salud; mi fortaleza, y mi refugio; mi salvador, que me librarás de violencia. 4 Invocaré al SEÑOR, digno de ser loado. Y seré salvo de mis enemigos. 5 Cuando me cercaron ondas de muerte, y arroyos de iniquidad me asombraron, 6 <I>cuando</I> las cuerdas del sepulcro me ciñieron, y los lazos de muerte me tomaron descuidado, 7 <I>cuando</I> tuve angustia, invoqué al SEÑOR, y clamé a mi Dios; y desde su santo templo él oyó mi voz; cuando mi clamor <I>llegó</I> a sus oídos. 8 La tierra se removió, y tembló; los fundamentos de los cielos fueron movidos, y se quebrantaron, porque él se airó. 9 Subió humo de sus narices, y de su boca fuego consumidor, por el cual se encendieron carbones. 10 Y bajó los cielos, y descendió; una oscuridad debajo de sus pies. 11 Subió sobre el querubín, y voló; se apareció sobre las alas del viento. 12 Puso tinieblas alrededor de sí a modo de tabernáculos; aguas negras y espesas nubes. 13 Del resplandor de su presencia se encendieron ascuas ardientes. 14 El SEÑOR tronó desde los cielos, y el Altísimo dio su voz; 15 arrojó saetas, y los desbarató; relampagueó, y los consumió. 16 Entonces aparecieron los manantiales del mar, y los fundamentos del mundo fueron descubiertos, a la reprensión del SEÑOR, al resoplido del aliento de su nariz. 17 Extendió <I>su mano</I> de lo alto, y me arrebató, y me sacó de las aguas impetuosas. 18 Me libró de fuertes enemigos, de aquellos que me aborrecían, los cuales eran más fuertes que yo. 19 Los cuales me tomaron descuidado en el día de mi calamidad; mas el SEÑOR fue mi bordón. 20 Me sacó a anchura; me libró, porque puso su voluntad en mí. 21 Me pagó el SEÑOR conforme a mi justicia; y conforme a la limpieza de mis manos, me dio la paga. 22 Porque <I>yo</I> guardé los caminos del SEÑOR; y no me aparté impíamente de mi Dios. 23 Porque delante de mí tengo todas sus ordenanzas; y atento a sus fueros, no me retiraré de ellos. 24 Y fui perfecto <I>para</I> con él, y me guardé de mi iniquidad. 25 Y me pagó el SEÑOR conforme a mi justicia, y conforme a mi limpieza delante de sus ojos. 26 Con el bueno eres bueno, y con el valeroso <I>y</I> perfecto eres perfecto; 27 con el limpio eres limpio, mas con el perverso eres adversario. 28 Y tú salvas al pueblo pobre; mas tus ojos <I>están</I> sobre los altivos, para abatirlos. 29 Porque tú <I>eres</I> mi lámpara, oh SEÑOR; el SEÑOR da luz a mis tinieblas. 30 Porque en ti rompí ejércitos, y con mi Dios pasé las murallas. 31 Dios, perfecto su camino; la palabra del SEÑOR purificada, escudo es de todos los que en él esperan. 32 Porque ¿qué Dios <I>hay</I> sino el SEÑOR? ¿O quién <I>es</I> fuerte sino nuestro Dios? 33 Dios <I>es</I> el que con virtud me corrobora, y el que despeja mi camino; 34 el que hace mis pies como de ciervas, y el que me asienta en mis alturas; 35 el que enseña mis manos para la pelea, y <I>da que</I> con mis brazos quiebre el arco de acero. 36 <I>Tú</I> me diste asimismo el escudo de tu salud, y tu mansedumbre me ha multiplicado. 37 <I>Tú</I> ensanchaste mis pasos debajo de mí, para que no titubeasen mis rodillas. 38 Perseguí a mis enemigos, y los quebranté; y no me volví hasta que los acabé. 39 Los consumí, y los herí, y no se levantaron; y cayeron debajo de mis pies. 40 Me ceñiste de fortaleza para la batalla, y postraste debajo de mí los que contra mí se levantaron. 41 <I>Tú</I> me diste la cerviz de mis enemigos, de mis aborrecedores, y <I>que yo</I> los talase. 42 Miraron, y no hubo quien los librase; <I>aun</I> al SEÑOR, mas no les respondió. 43 <I>Yo</I> los quebranté como a polvo de la tierra; como a lodo de las plazas los desmenucé, y los disipé. 44 <I>Tú</I> me libraste de contiendas de pueblos; tú me guardaste para que fuese cabeza de gentiles; pueblos que no conocía, me sirvieron. 45 Los extraños temblaban <I>ante</I> mí <I>mandamiento</I> ; en oyendo, me obedecían. 46 Los extraños desfallecían, y temblaban en sus encerramientos. 47 Viva el SEÑOR, y sea bendita mi peña; sea ensalzado el Dios, <I>que es</I> la roca de mi salvación. 48 El Dios que me ha dado venganzas, y sujeta los pueblos debajo de mí. 49 Que me saca de entre mis enemigos; tu me sacaste en alto de entre los que se levantaron contra mi; me libraste del varón de iniquidades. 50 Por tanto <I>yo</I> te confesaré entre los gentiles, oh SEÑOR, y cantaré a tu nombre. 51 El que engrandece las saludes de su rey, y hace misericordia a su ungido David, y a su simiente, para siempre.
1 Estas <I>son</I> las postreras palabras de David. Dijo David hijo de Isaí, dijo aquel varón que fue levantado alto, el ungido del Dios de Jacob, el dulce cantor de Israel: 2 (El Espíritu del SEÑOR ha hablado por mí, y su palabra <I>ha sido</I> en mi lengua. 3 El Dios de Israel me ha dictado, el Fuerte de Israel habló): Señoreador de los hombres, justo señoreador en temor de Dios. 4 Y como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana resplandeciente sin nubes; como resplandor por llovizna <I>sobre la</I> yerba de la tierra 5 ¿No será así mi casa para con Dios? bien que a toda mi salud, y a toda mi voluntad no <I>se</I> hará producir todavía. Mas él ha hecho conmigo pacto perpetuo ordenado en todas las cosas, y <I>será</I> guardado; 6 mas los de Belial <I>serán</I> todos ellos como espinas arrancadas, las cuales nadie toma con la mano; 7 sino que el que quiere tocar en ellas, se arma de hierro y de asta de lanza, y son quemadas en su lugar. 8 Estos <I>son</I> los nombres de los valientes que tuvo David: El que se sentaba en cátedra de sabiduría, principal de los tres: Adino el eznita, que en una ocasión <I>se halló</I> haber matado ochocientos enemigos. 9 Después de éste fue Eleazar, hijo de Dodo de Ahohi, entre de los tres valientes que <I>estaban</I> con David, cuando desafiaron a los filisteos que se habían juntado allí a la batalla, y subieron los de Israel. 10 Este, levantándose, hirió a los filisteos, hasta que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada. Aquel día el SEÑOR hizo gran salud; y se volvió el pueblo en pos de él solamente a tomar el despojo. 11 Después de éste <I>fue</I> Sama, hijo de Age araita; que habiéndose juntado los filisteos en una aldea, había allí una heredad de tierra llena de lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos. 12 El entonces se paró en medio de la heredad de tierra, y la defendió, e hirió a los filisteos; y el SEÑOR hizo una gran salud. 13 <I>Estos</I> tres <I>que eran</I> de los treinta principales descendieron y vinieron en <I>tiempo de</I> la siega a David a la cueva de Adulam; y el campamento de los filisteos estaba en el valle de Refaim. 14 David entonces estaba en la fortaleza, y la guarnición de los filisteos <I>estaba</I> en Belén 15 Y David tuvo deseo, y dijo: ¡Quién me diera a beber del agua de la cisterna de Belén, que está a la puerta! 16 Entonces <I>estos</I> tres valientes rompieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua de la cisterna de Belén, que <I>estaba</I> a la puerta; y tomaron, y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino la derramó al SEÑOR, diciendo: 17 Lejos sea de mí, oh SEÑOR, que <I>yo</I> haga esto. ¿<I>He de beber yo</I> la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. <I>Estos</I> tres valientes hicieron esto. 18 Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, <I>fue</I> el principal de tres; el cual alzó su lanza contra trescientos, los cuales mató; y tuvo nombre entre los tres. 19 El era el más noble de los tres, y el primero de ellos; mas no llegó a los tres <I>primeros</I> 20 <I>Después</I> , Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en hechos, de Cabseel. Este hirió dos leones de Moab: y él <I>mismo</I> descendió, e hirió un león en medio de un foso en el tiempo de la nieve: 21 También hirió él a un egipcio, hombre de <I>grande</I> estatura; y tenía el egipcio una lanza en su mano; mas descendió a él con un palo, y arrebató al egipcio la lanza de la mano, y lo mató con su <I>propia</I> lanza 22 Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y tuvo nombre entre los tres valientes. 23 De los treinta fue el más noble; pero no llegó a los tres <I>primeros</I> . Y lo puso David en su consejo. 24 Asael hermano de Joab <I>fue</I> de los treinta; Elhanán hijo de Dodo de Belén; 25 Sama de Harodi, Elica de Harodi; 26 Heles de Palti, Ira, hijo de Iques, de Tecoa; 27 Abiezer de Anatot, Mebunai de Husa; 28 Salmón de Hahoh, Maharai de Netofat; 29 Helec hijo de Baana de Netofat, Ittai hijo de Ribai de Gabaa de los hijos de Benjamín; 30 Benaía piratonita, Hidai del arroyo de Gaas; 31 Abi-albón de Arbat, Azmavet de Barhum; 32 Eliaba de Saalbón, Jonatán de los hijos de Jasén; 33 Sama de Arar, Ahíam hijo de Sarar de Arar. 34 Elifelet hijo de Ahasbai hijo de Maaca; Eliam hijo de Ahitofel de Gelón; 35 Hesrai del Carmelo, Paarai de Arbi; 36 Igal hijo de Natán de Soba, Bani de Gadi 37 Selec de Amón, Naharai de Beerot, escudero de Joab hijo de Sarvia; 38 Ira de Itri, Gareb de Itri 39 Urías heteo. Entre todos treinta y siete.
1 Y volvió el furor del SEÑOR a encenderse contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, cuenta a Israel y a Judá. 2 Y dijo el rey a Joab, general del ejército que tenía consigo: Rodea todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y contad el pueblo, para que yo sepa el número del pueblo. 3 Y Joab respondió al rey: Añada El SEÑOR tu Dios al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor el rey; mas ¿para qué quiere esto mi señor el rey? 4 Pero la palabra del rey pudo más que Joab, y que los capitanes del ejército. Salió, <I>pues</I> , Joab, con los capitanes del ejército, de delante del rey, para <I>ir</I> a contar el pueblo de Israel. 5 Y pasando el Jordán asentaron en Aroer, a la mano derecha de la ciudad que <I>está</I> en medio del arroyo de Gad y junto a Jazer. 6 Después vinieron a Galaad, y a la tierra baja de Hodsi; y de allí vinieron a Danjaán y alrededor de Sidón. 7 Y vinieron luego a la fortaleza de Tiro, y a todas las ciudades de los heveos y de los cananeos; y salieron al mediodía de Judá, a Beerseba. 8 Y después que hubieron andado toda la tierra, volvieron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días. 9 Y Joab dio la cuenta del número del pueblo al rey; y fueron los de Israel ochocientos mil hombres fuertes que sacaban espada; y de los de Judá quinientos mil hombres. 10 Y después que David hubo contado el pueblo, le herió su corazón; y dijo David al SEÑOR: <I>Yo</I> he pecado gravemente por haber hecho <I>esto</I> ; mas ahora, <I>oh</I> SEÑOR, te ruego que traspases el pecado de tu siervo, porque yo he obrado muy locamente. 11 Y por la mañana, cuando David se hubo levantado, vino palabra del SEÑOR a Gad profeta, vidente de David, diciendo: 12 Ve, y di a David: Así dijo el SEÑOR: Tres cosas te ofrezco; tú te escogerás una de ellas, la cual yo haga. 13 Vino, <I>pues</I> , Gad a David, y le denunció, y le dijo: ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿O que huyas tres meses delante de tus enemigos, y que ellos te persigan? ¿O que tres días haya pestilencia en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué responderé al que me envió. 14 Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; ruego que <I>yo</I> caiga en la mano del SEÑOR, porque sus miseraciones son muchas, y que <I>no</I> caiga yo en manos de hombres. 15 Y envió el SEÑOR pestilencia en Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres. 16 Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, el SEÑOR se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía el pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Entonces el ángel del SEÑOR estaba junto a la era de Arauna jebuseo. 17 Y David dijo al SEÑOR, cuando vio al ángel que hería al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí, y contra la casa de mi padre. 18 Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y haz <I>un</I> altar al SEÑOR en la era de Arauna jebuseo. 19 Y David subió, conforme al dicho de Gad, que el SEÑOR <I>le</I> había mandado. 20 Y mirando Arauna, vio al rey y a sus siervos que pasaban a él. Saliendo <I>entonces</I> Arauna, se inclinó delante del rey hacia tierra. 21 Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti esta era, para edificar <I>en ella</I> altar al SEÑOR, <I>a fin de</I> que la mortandad cese del pueblo. 22 Y Arauna dijo a David: Tome y sacrifique mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto; y trillos y otros aderezos de bueyes para leña; 23 todo lo da el rey Arauna al Rey. Luego dijo Arauna al rey: El SEÑOR tu Dios te sea propicio. 24 Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré al SEÑOR mi Dios holocaustos por nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. 25 Y edificó allí David <I>un</I> altar al SEÑOR, y sacrificó holocaustos y pacíficos; y el SEÑOR se aplacó con la tierra, y cesó la plaga de Israel.
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